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Cómo provocar un incendio y por qué

Esta novela, publicada en castellano hace pocos meses (septiembre de 2020) por Sigilo fue escrita por Jesse Ball, poeta y novelista estadounidense, autor de la también muy recomendable Toque de queda (La Bestia Equilátera, 2014).


Esta es una novela juvenil, aunque por supuesto no fue publicada como tal, sino que vive en la Frontera de la LIJ, como tantas novelas juveniles que no pueden existir y deben ser leídas únicamente por adultos (por supuesto que los adultos podemos leer también LIJ, faltaba más: incluso, sin darnos cuenta de que leemos LIJ, a veces).


¿Por qué es una novela juvenil? Es una novela en primera persona con una narradora adolescente, Lucía, que tiene dieciséis y nos va contando las cosas que le suceden y que podrían fácilmente resultarles interesantes a lectores adolescentes. En mi mundo, con eso alcanza. ¿O no alcanza?


¿Por qué no fue (ni será nunca) publicada como LIJ? Porque si hay en la LIJ un tabú más fuerte que el del sexo, es el del fuego. Como comenté en mi norreseña previa al hablar del “efecto Werther”, las personas adultas solemos temer que niñes y adolescentes harán lo que leen, y si algo no queremos es que se pongan a incendiar cosas. Tampoco queremos que maten a nadie, que cojan y otras cuestiones, pero el fuego es, diría, un tabú aún mayor. Si no lo notamos, es porque casi no hay libros LIJ con personajes incendiarios (y ahí vemos qué bien funciona la prohibición).


(De hecho, tan solo con la tapa del libro, cuyo diseño imita una caja de fósforos y que presenta una mano en el acto de encender un fósforo, alcanzaría para que este libro nunca fuera publicado como LIJ en ninguna parte).


Esta novela nos presenta eso: Lucía, con una voz muy atractiva y entretenida de leer, es expulsada del colegio por haberle clavado un lápiz en la mano a un compañero que tuvo la mala idea de hablar mal de su padre recientemente fallecido y del que guarda, como único objeto-amuleto, un encendedor Zippo. La madre de Lucía está internada en un manicomio, así que ella vive con su tía tan peculiar como anarquista, que le enseña que “solo hay que hacer cosas de las que puedas sentirte orgullosa”. Lucía es aceptada en un nuevo colegio y allí descubre la existencia de una especie de logia secreta, la Sociedad del Fuego (me recordó al VFD de “Una serie de eventos desafortunados”), que propone terminar con las injusticias del mundo un incendio a la vez.


La propuesta cala hondo en Lucía, que intenta formar parte del misterioso grupo y empieza a redactar un folleto, titulado como la novela, para ayudar a otras y otros que también quieren, como ella, iniciarse en el peligroso camino de provocar incendios. También hay alguna escena de sexo, pero es casi como que el autor la incluyó para sacársela de encima y que nadie le reclamara su ausencia; y hay algo de violencia, claro: pero la peor violencia es la que ejerce sobre nosotros este sistema cruel, y el fuego es, al menos para Lucía, un buen intento de cambiar las cosas.


Una novela incendiaria que vivirá por siempre en la Frontera pero que recomiendo fogosamente, ideal para estas épocas en que nosotros también queremos, cada vez con mayor frecuencia, salir a quemarlo todo.

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