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Canción de molino y noche

Esta novela breve de la autora cordobesa Virginia Beccaria Canelo obtuvo el premio Más que lectura 2022, y a partir de ello fue publicada por MacMillan en la colección Aldea Literaria, con la edición de Karina Echevarría.

Hacía mucho que no leía una novela de terror tan buena. El terror, el humor y el absurdo son difíciles de llevar a una novela, porque las emociones que despiertan esas historias no pueden mantenerse durante períodos largos. Pero aquí la autora lo consigue, el clima de suspenso y angustia se mantiene sin decaer nunca: esta es una historia de fantasmas en la que hasta los fantasmas ven cosas raras y se mueren de miedo.


Lo más interesante es cómo está escrita, como esas geniales historias del campo de Sandra Comino, mezcladas con la angustia ante un destino sangriento e inevitable que despliegan las obras de Lorca (quien aparece, sin ser mencionado, a través de una hermosa y tétrica canción de cuna). La prosa es sonora y sugerente, así que es adecuado haber titulado el libro con la palabra canción. Uno siente la música, mientras lee y se mete cada vez más profundo en esta historia de espectros y desgracias familiares signadas por los secretos y las culpas (y también, claro, por el amor y la ternura entre aquellos que se quieren incondicionalmente).


En un pueblo rural, la narradora (Mora) crece, junto a su hermana gemela (Encarnación), como hijas de un padre casi ausente y una madre atormentada. Mora nació con una enfermedad incurable (“el Pata de Cabra”), y todos esperan que muera en cualquier momento, incluso cuando pasan los años y aún sobrevive. Pero ese no es el nudo de la historia, sino apenas el inicio, y pronto, cuando las hermanas se escapen para jugar en el viejo molino, se desatarán las fuerzas y presencias sobrenaturales que, por algún motivo oculto, las acechan.


En las noches de luna menguante, mamá empeoraba. Se despertaba con el llanto del bebé y lo andaba buscando como si estuviera poseída por alguna sombra que le apretaba el alma. A veces salía, miraba el campo negro y volvía. Otras, yo la encontraba afuera, con los pies lastimados y las piernas llenas de picaduras de andar por el pasto sin ver dónde pisaba. La abrigaba y la llevaba a su habitación.

—A usted tendría que haberla dejado con las monjitas —me dijo una vez—. Su papá no me permitió, pero hubiera sido lo mejor. Pobre hija. No es su culpa. Es el Pata de Cabra que se le ha quedado dentro. Qué desgracia —decía—, cuánta desgracia en esta casa.

Al principio, a nosotras nos daba miedo. Pero ahora, más que miedo nos daba lástima. Nos partía el corazón verla deambular, fuera de sí, tratando de encontrar a ese bebé que solamente ella oía.

Ella, y los pájaros. (...)


Diría, ya que mencioné a Lorca, que esta historia de Beccaria Canelo tiene duende (si no la conocen, no se pierdan la conferencia de Federico “Teoría y juego del duende”), vive en ella esa cualidad misteriosa y oscura, nacida de la tierra profunda y ligada, en formas insondables, con la fuerza roja y oscura de la sangre.


Pero no me extiendo más, solo reafirmo que este es un gran libro de una nueva voz en la literatura juvenil argentina. No se lo pierdan.

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