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Constelación de nado

Esta novela de Mariana Furiasse fue publicada recién (diciembre de 2020) por editorial Norma, en la colección Zona Libre, con la dirección de Laura Leibiker y la edición de Laura Linzuain.


Este año (que aún se agarra con las uñas al marco de la puerta para no irse) fue tremendo, para el mundo entero y también, cómo no, para las editoriales; pero algunos libros salvaron las papas, y este es uno de ellos: es una gran, gran novela, posiblemente la mejor de Furiasse (lo que es mucho decir, porque todos los libros de ella son geniales). Si en diez años este libro no es considerado un clásico de la literatura juvenil, es que se nos escapó la tortuga.


Nos encontramos con la voz de Cala, una chica adolescente, que nos habla en primera persona. La escena inicial ocurre en un aeropuerto, donde su madre, su hermana menor y ella están por tomar un avión a Bariloche, para pasar unas vacaciones con sus abuelos. Allí, en la sala de espera, Cala ve a alguien:


Ella. Sentada sobre la alfombra con las piernas cruzadas. Unos auriculares verdes sobre las orejas. Los ojos cerrados. Como levitando entre nosotros. La descubrí y no pude dejar de mirarla. Dos trenzas delgadas y oscuras atravesando su espalda. Pasamos al lado pero

ni nos registró. Tenía las uñas descascaradas, pintadas con un esmalte azul con brillo.


Mientras está en Bariloche, Cala hace listas de cosas que quiere hacer en el día, pasa tiempo con Viggo (su amigo), corta con su novio por wasap, habla a la distancia con su amiga Maggie, sube fotos al Instagram con frases que solo ella comprende del todo, recibe de sus abuelos el increíble regalo de nadar de noche en la pileta de un hotel (pues Cala, años antes, había sido nadadora).


Y más adelante, por obra y gracia de algunas casualidades, llega a conocer a esa chica que le había llamado la atención en el aeropuerto: se llama Azul, trabaja en una heladería.

Cala se siente atraída por Azul, y quiere darse la oportunidad de conocerla más (y eso implica, quizás, enfrentarse a su madre para intentar seguir en Bariloche más días de los previstos). Conocerla será también una forma de conocerse a ella misma: Cala está en camino de descubrir quién es o, al menos, de intentar ir hacia allí.


Pero todo esto que digo no significaría nada si no fuera por algo que no puedo demostrar aquí, y que es la forma en que está escrito el libro: esa voz interior de Cala que se va construyendo frase a frase consigue (desde el comienzo) que uno se meta en la piel de esa chica, se emocione, se enoje o entusiasme junto con ella, entienda su punto de vista, comprenda sus temores, abrace sus dudas. Y aunque no tengamos idea de qué sucederá con ella ni con esa historia que está comenzando, no podemos evitar, de nuevo adolescentes, soñar con que todo, de alguna forma mágica pero improbable, estará bien.


Hay aquí una relación amorosa entre dos chicas, y este es, increíble pero ciertamente, todavía un tema tabú de la LIJ (no para las chicas y los chicos que leen; sí para algunos adultos que recomiendan y eligen los libros que leerán los chicos). Ahora bien, ¿eso significa que esta novela “es sobre la homosexualidad”, que trata de eso? De ninguna manera. Sería una falta de respeto, decir algo así: un buen libro no es “sobre” un tema, por más que se conecte con él. Sería como decir que el Werther es sobre el suicidio, que Finn Hermann es sobre comer en forma saludable, que Moby Dick es sobre ecología o que Madame Bovary es sobre la infidelidad.


Esta es una novela sobre descubrir la propia identidad, sobre tomar riesgos y hacer elecciones, sobre el amor, sobre el descubrimiento del amor (inesperado e ineludible). Y también sobre la música, las sensaciones que nos llegan, los prejuicios, los deseos, los miedos, la amistad. La vida, también y sobre todo. Y esos temas, personajes y momentos, como estrellas en un cielo nocturno, van armando una constelación por cuyo reflejo Cala nada y nada, flotando casi sobre el agua fresca, hacia el encuentro con su propio destino.


Recomiendo con fervor esta novela, escrita con una prosa increíble, que me obligó a releer y subrayar frases casi en todas las páginas.

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