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Dejame ser la Negra María

  • 4 may
  • 3 Min. de lectura

Este libro de cuentos de Adela Basch, con ilustraciones de Sonia Basch, fue publicado por editorial Abran Cancha en 2024 (es una reedición; la publicación original, en la misma editorial, es de alrededor del 2010). La edición es de Luciana Murzi y la diagramación, de Natalia Aranda.

 

Disfruté mucho este libro de formato pequeño, como de bolsillo, con cuentos llenos de humor y fantasía. Cada cuento comienza con una portada y una guarda ilustradas, y se cierra con una viñeta: muy bellas ilustraciones a lápiz en blanco y negro (salvo la tapa que es a colores) que enmarcan los trece cuentos de la antología.


En ellos, Adela Basch despliega un ramillete de relatos cortos muy en su estilo: la trama narrativa es muy simple (a veces, “lo que pasa” en el cuento podría resumirse en un par de líneas), pero la forma en que está contada esa historia pequeña es lo más atractivo: con una atención minuciosa y constante hacia las palabras, hacia su sonoridad (estos cuentos son ideales para ser leídos en voz alta), hacia las ramificaciones de sus sentidos, hacia sus fronteras y sus ambigüedades. Hay cuentos en donde se despliegan rimas internas en la prosa (casi una “marca registrada” de Adela), otros que se basan en los múltiples sentidos de un solo término (como el cuento en el que se quiere ayudar a un pirata a conseguir trabajo, pero todas las opciones remiten a tipos diferentes de “pirata”), a veces una simple confusión entre palabras, una exageración llevada al extremo (como en el cuento de los millonarios señor y señora Resgúndez, únicamente interesados en comer y comer sin parar). A lo largo del libro, cada relato nos presenta personajes fantásticos, como una mujer alada, o misterios cotidianos (como la desaparición constante de un tren de juguete), o problemáticas de la vida diaria que sin embargo pueden ser tremendas para quien las sufre (una mancha en la ropa que parece ser una señal del fin del mundo).


Todos los cuentos me sacaron una sonrisa y algunos, varias carcajadas; mis favoritos son el cuento que titula el libro, en el que una chica pelirroja y blanquísima de piel y con una familia súper aburrida añora poder ser (o al menos, disfrazarse por un tiempo) como su vecina, negra de piel y con pelo rizado y con una familia a la que le gusta cantar y bailar; y “La verdadera enseñanza”, en donde unos discípulos intentan mantener las enseñanzas de su maestro pero, a lo largo de las generaciones y de las copias de copias de copias, las enseñanzas van cambiando, para desconcierto de los propios discípulos, que ya no entienden nada de la sabiduría que se supone buscan conservar.


Su piel, pálida, blanquecina, casi lechosa, no era morena ni bruna, ni parda ni oscura. Y bien sabía ella para eso no había cura. Su cuerpo no estaba acostumbrado al ritmo candombero de los tamboriles. Sus pasos tenía poca gracia, y gracias si podía seguir apenas el compás de la música. Sus antepasados lechosos y atomatados como ella nunca habían pisado una tierra donde el ritmo de los hombros y de las caderas formaba parte de lo que cada hombre y cada mujer era. Ella no tenía ese don que sí tenía doña María, y que había llegado a todos sus hijas como legado. Pero no todo estaba perdido.


(en el cuento "Dejame ser la Negra María")


Un gran libro de Adela Basch, no se lo pierdan. Recomendado. Que no es lo mismo que re comer dados, que es lo que hacen los Resgúndez cuando se ponen a jugar a la generala.

 
 
 

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