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El caserío (Faulkner-09)

Este libro se publicó en 1940, y es el primer volumen de una saga dentro de la saga de Yoknapatawpha: la trilogía de los Snopes, que se completa con The Town y The Mansion (libros que comentaré próximamente). Aquí aparecen algunos personajes esenciales en la saga, memorables: Flem Snopes, el white trash / self made man que es el gran protagonista de la trilogía; pero también la mitológicamente bella Eula Varner, el chismoso vendedor de máquinas de coser Ratliff y algunos de los casi infinitos Snopes que inundarán el condado en libros venideros, como Ab (el patriarca de los Snopes), Mink, I.O., Eck y varios más.


A jugar con Faulkner

Un nombre oportunista. Uno de los infinitos integrantes de la familia Snopes fue bautizado bizarramente a partir de un hecho histórico puntual de fines de los años 20. ¿Qué nombre le pusieron?

a. Spirit Saint Louis Snopes

b. Big Depression Snopes

c. Wallstreet Panic Snopes

d. Packers Leaguechamps Snopes


La estructura

La novela está formada por cuatro libros, cada uno integrado a su vez por dos o tres capítulos. Efectivamente, cada libro puede leerse con cierta autonomía, aunque el hilo conductor claramente es el avance de Flem Snopes, desde ser un don nadie white trash hasta volverse una fuerza poderosa y demasiado grande como para quedar contenida en el caserío que es Frenchman´s Bend. Los cuatro libros son:


- Libro uno: Flem. La historia comienza con Flem como un muchacho callado que llega, junto con su padre Ab Snopes, a trabajar un lote de tierras de Will Varner. Pronto se descubre que los Snopes tienen un historial de incendiar graneros, y Varner acepta, a cambio de conjurar ese peligro, que el joven Flem trabaje como su empleado en el almacén de ramos generales.

- Libro dos: Eula. La hija menor de Will Varner es Eula, una chica linda y extremadamente holgazana que al entrar en la adolescencia se transforma en un monumento sexual, ante el cual comienzan a desfilar una cohorte de babosos, pretendientes y acosadores.

- Libro tres: El largo verano. Cuenta la historia del granjero Houston, que quedó viudo, y de su pelea con Mink Snopes, con resultados trágicos para ambos.

- Libro cuatro: Los campesinos; aunque sería más exacto traducirlo “Los pajueranos”, pues no se refiere exactamente a campesinos sino a algunos vecinos de Frenchman´s Bend que se creen astutos pero “caen como chorlitos” en una sutil (casi maquiavélica) trampa de Flem Snopes.


El título

The Hamlet se tradujo como El villorrio, y odio esa traducción. Técnicamente, podría decirse que es correcta, pero a ver: si hay otras dos palabras más fáciles y corrientes para traducir hamlet (como son aldea y caserío), ¿por qué usar villorrio, un término que absolutamente nadie usa (ni ahora, ni en 1940), que ya no existe en ninguna variante de nuestro idioma y que, encima, suena horrible y es difícil de pronunciar? Fuera villorrio, entonces. Y aldea, por más que sería correcto también (y suena mejor), no da una buena idea de lo que es Frenchman´s Bend en el libro: apenas un conjunto de casas desperdigadas con una tienda y una herrería, una escuela rural y poco más, sin la unidad formal que se da a entender en la palabra aldea. Por eso el título que prefiero para este libro es: El caserío.

Norreseña

En los años cuarenta, la traducción de este libro al castellano fue promovida por los movimientos de izquierda latinoamericanos, que veían en Flem Snopes un arquetipo del capitalista y a “El villorrio” como una especie de tratado crítico sobre las relaciones entre el capital oligárquico y el proletariado rural. Pero al igual que los nazis se decepcionaron pronto de su apego a Faulkner (ver mi posteo anterior, sobre Luz en agosto), también la izquierda terminó dándose cuenta de que el libro no cuadraba bien en lo que ellos pensaban/suponían que el autor debía estar diciendo. Flem Snopes no es un capitalista típico ni, mucho menos, un revolucionario: es otra cosa. Es la punta de lanza de una familia enorme, despiadada y astuta, y es también una persona que vive con el único objetivo no de tener dinero, sino de ser dueño del dinero, de adueñarse de él. Parece que no hay mucha diferencia, pero les aseguro que la hay: para Flem, el dinero es un dios (su único dios, pues no tiene sentimientos, impulsos ni vicios fuera del de ganar dinero), y por eso nunca cometería (como sí podrían hacer algunos de sus patéticos parientes) el sacrilegio, por ejemplo, de robar un banco. Ni siquiera aceptaría cobrarle de más un centavo a un cliente del almacén. Y tampoco le interesa particularmente gastar el dinero que tiene, salvo cuando eso lo ayuda a ir amasando el prestigio social que le permitirá alcanzar su objetivo último de ser el dueño de todo Yoknapatawpha (mientras leía esta trilogía pensé que Flem era parecido al Sr. Smith, el agente de Matrix obsesivo y puntilloso que se multiplica a sí mismo, virósico, en el afán de alcanzar su meta de hegemonía).


Sin embargo, las partes de Eula y de Mink (las centrales del libro), por más que son interesantes, quedan un poco incohesivas, por la sencilla razón de que no es tan clara la relación entre esos personajes y Flem (esa relación existirá, claro, y es esencial para la saga, pero eso lo sabremos bastante después). Por eso no es fácil terminar este libro, la verdad. La prosa no es tan compleja como en Absalón o en El ruido y la furia, pero es un libro largo y bastante denso, sin personajes atrapantes (al menos, no todavía) y que deja la sensación de haber sido armado juntando cuentos separados (que es, de hecho, la forma en que efectivamente se armó, como Desciende, Moisés y Los inconquistados).


En conclusión: la trilogía de los Snopes, en su conjunto, es una genialidad, pero para disfrutar de esa genialidad hay que leerla completa. Digo esto para aclarar que este libro, el primero, es (si se lo toma individualmente) muy largo y bastante lento de leer, y los personajes no se conectan aún unos con otros, sino que sus problemáticas apenas son presentadas (en 500 densas páginas). Pero una vez que sorteamos este libro, el que sigue tiene más ritmo y te engancha más, y el tercero es sencillamente maravilloso (aunque claro, para captar esa maravillosidad se nos exige haber leído antes los dos libros previos).


Por eso no recomiendo leer El caserío solo: si lo empiezan, plantéense leer la trilogía entera, pues solo así vuestro sacrificio literario se verá recompensado. Y si planean leer solo uno o dos libros de Faulkner, mejor no lean este, porque esta lectura suelta no les permitirá amar al autor tanto como podrían.


Una curiosidad

Se hizo una película, en 1958, basada muy, pero muy libremente en la obra de Faulkner, mezclando algunas partes y personajes de The Hamlet. Se tituló El largo, caluroso verano y estuvo protagonizada por Paul Newman como una especie de Snopes pero con otro nombre, otra forma de ser y mucho mejor aspecto (lo hacen ponerse en cueros incluso en el trailer de la peli), por Joanne Woodward como Clara, hija de Will Varner (este encarnado por Orson Welles, nada menos) y Lee Remick (quien un par de años después haría de Temple Drake en Santuario) como una demasiado flaquita Eula Varner. Con solo ver el tráiler nos damos cuenta de que la peli es bastante a muy mala, así que no intentaría yo verla completa, ni se los aconsejaría.


Un fragmento

Llegó en una mula flaca, sobre una montura que fue reconocida al instante como perteneciente a los Varner, con un balde de lata atado a ella. Ató la mula al árbol detrás del almacén y desató el balde y avanzó y se internó en la galería donde ya una docena de hombres, Ratliff entre ellos, holgazaneaban. No dijo nada. Si miró a alguno de ellos en forma individual, ese individuo no lo advirtió. Era un tipo rechoncho y bajo, blando, con una edad indeterminada entre veinte y treinta, con una cara ancha y quieta que contenía una estrecha costura de boca manchada ligeramente de tabaco en las comisuras y ojos del color del agua estancada; y destacándose entre las demás características en llamativa y súbita paradoja, una nariz diminuta y predatoria como el pico de un halcón pequeño. Era como si la nariz original hubiera sido descartada por el diseñador o artesano original y el trabajo incompleto hubiera sido retomado por algún otro de una escuela radicalmente opuesta, o quizás por algún humorista brutalmente maníaco, o tal vez por alguien que solo había tenido tiempo de engancharle en el centro de la cara un inquieto y desesperado aviso de peligro.

(en el capítulo 3 del libro uno, “Flem”)


Respuestas de “A jugar con Faulkner”:

Respuesta c. En La mansión, el último tomo de la trilogía, Wallstreet Panic Snopes se cambiará su ridículo nombre y mostrará ser el único dispuesto a quebrar los pilares fundantes de su familia para cometer el peor pecado: ganar dinero trabajando.



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