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La loma del hombre flaco

  • hace 2 horas
  • 3 Min. de lectura

Esta novela breve de Laura Devetach acaba de publicarse hace pocos meses (es una reedición, la publicación original tiene muchos años ya) por Boris Ediciones, con dirección editorial de Gabriela Lima Chaparro. El diseño y la tapa son de Maximiliano Gunars Grinfelds.

[Digresión mini: mañana 30 de abril de 2026 a las 16 h, en la Feria del Libro de Buenos Aires, hay una presentación de este libro, así que si pueden ir, vayan. Yo iré, por cierto.]


La tapa es la única ilustración del libro, en esta flamante edición, y no pasa inadvertida, porque no es una típica ilustración en dos dimensiones: la tapa funciona como el marco de un cuadro, con profundidad, y en el fondo se acumulan diversas capas de papeles recortados y superpuestos para construir una especie de diorama, que representa al hombre flaco mirando al horizonte sobre su loma. Los papeles, a su vez, tienen texturas de colores y formas cuasi psicodélicas, como si fueran fotografías de células o de líquidos mirados al microscopio. El resultado es una tapa que realmente se diferencia de las imágenes “típicas” de los libros (tanto los “para chicos” como cualquier otro libro también).

El libro incluye además un QR para acceder a los videos donde se narra el texto en LSA, la lengua de señas argentina.


Me puso muy contento esta reedición, porque el libro original hacía mucho que estaba agotado y no había forma de conseguirlo.


El texto de “La loma del hombre flaco” siempre me maravilla por la libertad con la que podía escribirse “para niños” hace unos años: los protagonistas no son niños (ni siquiera hay ningún niño personaje), las problemáticas no son infantiles (hay deseos, ambiciones y problemáticas [como el trabajo, el dinero y el sexo] que no son consideradas casi en los actuales libros de LIJ), la forma en que está contada la historia no tiene particular consideración por los niñes (quiero decir que no encasilla a sus lectores ni les habla “en fácil”), y la prosa de Laura Devetach, aunque deliciosa como siempre en su humor y su constante delicadeza (incluso cuando larga una mala palabra o relata un episodio de “cursiadera” por comer unas peras verdes), no está particularmente dirigida a un lector niño: cualquier persona puede disfrutar de esta lectura, tenga la edad que tenga.


La historia es un cuento de campo, en un pequeño pueblo rural, que abreva en los relatos de tradición oral. La protagonista es una mujer (y esto es infrecuente y significativo): la costurera María María María (hija de María María y nieta de María) que al quedar huérfana sale adelante armando un pequeño taller de costura y enseñando (es costurera y maestra, lo que es significativo también). Empieza una historia de amor con un inmigrante italiano, Luigi, pero esa historia queda de pronto suspendida cuando llega al pueblo un hombre flaco, y los lectores no tienen que avanzar demasiado para reconocer, en esa figura seductora y llena de engaños, al diablo (o a un diablo, en todo caso; la presencia del diablo es un elemento más de los relatos de tradición oral, y aunque nunca se dice abiertamente que es el diablo, pronto no quedan dudas de ello). El hombre flaco escucha los rumores sobre María María María (principalmente, que tiene una aguja enhebrada con un hilo infinito), y se le enciende la ambición de obtener ese hilo maravilloso, eternamente enhebrante y que nunca se termina. El hombre flaco también ambiciona un poncho de cien años que teje una abuela centenaria, y lo roba: este es un diablo que busca explotar, engañar y robar a las mujeres, y hará todo lo que esté en su poder para satisfaceer sus ambiciones, incluso mentir sentimientos y prometer beneficios futuros tan infinitos como el hilo de la costurera.


Pero esta costurerita no dará el mal paso, sino que se enfrentará al hombre flaco con astucia, con entereza y con valor, hasta llegar a un desafío de costura contra el innombrable en el que se jugará su propio futuro y el de todo el pueblo.


Más de uno en el pueblo se fue llenando de inquietudes e insomnios. Sobre todo cuando el forastero, flaco, buen mozo y rápido, empezó a ganar terreno en los partidos de truco, en el baile, en el boliche y en las vidas ajenas.

Se metió también con Marí, a la que ya le había echado el ojo.

Y añadió leña al fuego de los chismosos.

—Vive sola —decían.

—Por algo será —dejaba caer el forastero.

—Anda acompañada —decían.

—Por algo será.

—Se juntan a coser debajo del limonero.

—Mucha risa, mucha risa —dijo él como por casualidad.

—Hoy no se juntaron debajo del limonero —comentaron.

—Qué raro… ¿Qué estará pasando? —dijo el forastero.

—¿Vieron? —encaró alguien—. Jamás se la ve enhebrar la aguja.

 

Un hermoso texto de Laura Devetach, en una festejada nueva edición.

Recomendado.

 
 
 

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