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Lo oscuro que hay en mí

En esta nueva novela, publicada por Alfaguara hace muy poco (fines de 2021), Horacio Convertini hace algo muy difícil: construye un protagonista patético (no un poquito patético, sino por completo pusilánime y fracasado) y lo hace en forma impiadosa, sin miramientos, sin lástima ni atenuantes. Luis es un hombre de mediana edad con un matrimonio a punto de naufragar, con problemas de dinero, obsesionado con su sobrina adolescente, con un trabajo de oficinista gris y sin ninguna perspectiva de salir adelante, abrumado por los “aplastamientos” de ánimo que siente todo el tiempo. Y, como para completar el panorama, acaba de morir su padre, un viajante de comercio “de los de antes”, que llevaba una existencia también gris y monótona pero era para Luis (incluso sin que él mismo lo tuviera muy claro) un punto de apoyo, un pilar en su gris existencia.


Y aun así, uno llega a comprender a ese antihéroe patético y se conduele con él solo lo suficiente como para querer que le vaya un poco mejor y consiga, como los personajes de Onetti, una salvación nebulosa e improbable. Hay mucho de Onetti, en esta novela: no en el estilo de narrar (aquí la prosa de Convertini es ágil, martilleante y de ritmos breves, como en un policial negro), sino en la desgraciada insensatez de los personajes y la tristeza implacable de la trama (hay un prostíbulo que podría haber sido sacado de las páginas de Juntacadáveres, y la oficina donde trabaja Luis me recordó inevitablemente al astillero de la novela homónima).


Tras el funeral de su padre, Luis encuentra entre las cosas del muerto un bolso lleno de dinero, nada menos que cien mil dólares. Y un amigo de su padre le dice que encontró algo “peligroso” en el auto de él, algo de lo que no puede hablar, pero que debería ir a buscar y llevarse. El dinero “caído del cielo” parece ser, por un momento al menos, un salvavidas para su matrimonio y su futuro, pero pronto queda claro para Luis que no es, ni cerca, suficiente para alcanzar lo que busca.


Empieza así para Luis un largo camino en el cual descubre una oscuridad insospechada en la vida de su padre y, poco a poco, va descubriendo que esa oscuridad no le es ajena sino, por el contrario, es en él mismo una parte escondida pero esencial, una oscuridad que lo aterra pero a la vez lo atrae (hay también algo muy borgeano en el personaje de Luis, que me hizo recordar más de una vez al protagonista de “El sur”; y el epígrafe de la novela es, no por nada, el pasaje clave de “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”).


En fin: una excelente novela, otro gran libro de Convertini que se lee de un tirón y se disfruta desde el comienzo sorpresivo hasta el inesperado final.

Recomendado.

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