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Metodología de la dispersión

Este libro, el primero de Alejandro Chuca (o Chuca a secas, como firma en la tapa) fue publicado recién (2021) por Ediciones B, en su colección Zona Breve.

El autor en persona me trajo el libro a mi casa y me firmó la dedicatoria parado junto a la puerta del edificio (los dos con barbijo y a distancia). Esto, que podría parecer un detalle cholulo sin demasiada importancia, en este caso encaja perfecto como parte del encanto del libro, basado, como indica el título, en un método:


[...] Inventé algo, se llama así: la metodología de la dispersión. Consiste básicamente en no especializarse en nada y dispersarse, como hace el aire que estaba adentro de un globo cuando lo liberan. Pero haciéndolo sistemáticamente, todos los días, todo el tiempo, porque es una metodología, un método, más que un estilo de vida.


El libro refleja con fidelidad esa metódica dispersión y reúne poemas prosaicos, aforismos aleatorios, prosas poéticas, listados de anécdotas, elaboraciones filosóficas, pensamientos sueltos, propuestas.


Muchos de esos textos fueron apareciendo originalmente en el facebook. Yo lo conocí a Ale Chuca, como muchos, al leer en esa red social el poema que le dedicó al vecino de su edificio que había llamado a Metrogás porque había olido una posible fuga, titulado: “Poema para mi querido vecino que llamó a metrogás y nos cortaron el gas a todos y ahora no vamos a tener gas por meses y meses, mi querido vecino”, un interminable lamento puneño (la versión del libro, más concisa que la original que leí en el face, ocupa igualmente trece páginas que se leen casi en un (largo) suspiro), una letanía de furiosas recriminaciones y reflexiones en reacción a la iniciativa buchonil del vecino, con un breve pero efectivo estribillo: (“vecino / amigo / ¿cómo vas a llamar a metrogás?”).

[...]

y esos de metrogás

que se hacen aparte

los alemanes

que todo tiene que estar

todo bien

pero dejate de joder

todo bien

es una forma de decir

¿cómo estás?

todo bien

las cosas

no pueden estar todas bien

decir

“todo bien”

es literatura

es ficción [...]


A pesar de su declarada y evidente dispersión, los textos van armando un todo que, si no es homogéneo, al menos tiene identidad y onda: vamos conociendo la voz, querible y tierna, reflexiva y cercana, de ese “guachín que todavía sueña con volverse invisible para meterse en todos lados”, que toma notas de las conversaciones de la gente que se cruza por la calle y que puede encontrar poesía en casi cualquier cosa, pero no se toma demasiado en serio la poesía, salvo cuando lo sorprende con una idea luminosa o una conexión inesperada.


1. Quiero empezar con una adivinanza. A ver: ¿Qué es algo que no te toca ni te pega nunca, pero te hace mierda? El tiempo. [...]

6. Quiero aprovechar para aclarar una vez más que yo no soy vago, sino que soy muy ecologista con mi propia energía. [...]

11. Es muy común escuchar que se dice: estamos en el siglo XXI y todavía la gente piensa o hace tal cosa y agregan “¡por favor!”. Como si el mero paso del tiempo mejorara a la humanidad. De hecho, esa idea de que el paso del tiempo lleva a los seres humanos hacia una vida mejor es muy del siglo XIX y sigue vigente.

12. Tengo un vecino que cada vez que me ve me dice: Vecinoooo. Y yo le contesto: Vecinoooo. Es sudafricano. [...]

(“Algunas 15 cosas que pensé, dije o hice

mientras hacía, decía o pensaba cosas en el 2018”)


Me recordó (esto que estoy por decir quizás le causaría risa a Ale Chuca, porque muestra que yo soy alumno de su cátedra de Metodología Dispersacional II) a Heinrich Heine, más precisamente a los textos en prosa de Heine, que son tanto o más poéticos que sus poemas (el libro Ideas, por ejemplo, que es mi favorito de él y bien podría haber sido escrito por Chuca, si él hubiera vivido en la Alemania del siglo XIX, así como Heine quizás habría podido firmar este libro si viviera en la Buenos Aires actual, cerca de la estación Arata del ferrocarril Urquiza): una voz joven, que trata a la poesía con la cercanía de una amiga o una amante, que admira lo clásico pero vive y sufre envuelto en el oscuro y sensorial romanticismo, que viaja mentalmente de un tema a otro sin solución de continuidad y puede describir ese viaje en una forma bella. Heine era un poeta, en fin. Como Chuca.


Y por eso al adentrarse en el laberinto inabarcable (pero bien barrido e iluminado) de estas páginas, los lectores nos sorprendemos, nos alegramos, nos emocionamos por momentos, y queremos escuchar siempre un poco más.

Recomendado.

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