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Sobrenatural

  • hace 2 horas
  • 3 Min. de lectura

Este hermoso libro álbum con ilustraciones de Chanti y microrrelatos de Cecilia Blanco fue publicado recién (2026) por Libros del Zorzal. No incluye los nombres de quienes participaron en la edición.

Si estaban atentos, habrán notado que, al revés de lo que suele hacerse, mencioné primero al autor de las ilustraciones y después a la autora de los textos; el motivo es que aquí, a diferencia de lo que suele ocurrir, las ilustraciones existieron antes que las palabras: Chanti fue creando una a una las imágenes, y luego Cecilia iba creando, a partir de la imagen, un cuento breve. Los ilustradores casi siempre trabajan así, creando imágenes para acompañar un texto preexistente; pero para quienes escribimos es un desafío inusual, lúdico y súper interesante, porque exige emplear la creatividad al máximo para producir una narración que esté a la altura de lo que la imagen está (a su particular manera) narrando.


Esta dinámica lúdica dio aquí un resultado asombroso y de gran belleza. Por un lado, las imágenes de Chanti son muy sugerentes, y están llenas de sorpresa, de humor, de eventos insólitos y súbitos en los que los elementos de la naturaleza (diversos animales, plantas y personas, espacios, el viento, las nubes, el mar, el sol y la luna…) se relacionan entre sí en formas inesperadas y, a veces, enternecedoras.


Cada ilustración (en las páginas de la derecha, las impares) va acompañada por un texto (en la página previa, la par): son cuentos muy breves, de alrededor de un centenar de palabras. Cada cuento es, en sí, muy bello y sugerente también, de forma que pueden leerse por sí mismos, sin siquiera mirar la imagen que lo acompaña, y se disfrutarían; pero lo más genial es leer cómo la autora exprimió al máximo las posibilidades imaginativas que provee la literatura para no “viñetar” la imagen, no simplemente describir lo que se ve, sino narrar a partir de lo narrado en la imagen: la imagen es solo un punto de partida, pero el texto va más allá, expande sus sentidos, la traslada a otros mundos, y resulta muy gratificante para nosotros, los lectores, comprobar cómo la imagen nos sorprendió y el texto vuelve a sorprendernos; y el conjunto de texto e imagen, como sucede en los buenos libros álbum, siempre nos da mucho más de lo que cada elemento por separado nos brindó.


—¿Me ayudas con el volcán, que no enciende? —dice la madre.

—Sí —contesta el hijo.

—Y cuando termines, ¿podrías enderezar ese arroyo, que está mojando todo?

—Está bien…

—¡Ah, y no te olvides de triturar piedras para tu clase de mañana!

—¡Uf! Sí, sí.

—Y a la noche, ¿podrías ayudarme a cambiar la luna, que hace mucho que está llena?

—Bueno, haré todo lo que me pides —dice el hijo—, pero, después, ¿puedo ir a jugar?

 


Este álbum, por la forma en que está hecho, es ideal también para que los lectores nos acoplemos a la dinámica de creación y juguemos también: podemos mirar solo la imagen, tapando el texto que la acompaña, y crear nosotros una historia, para luego compararla con la que escribió Cecilia; o al revés, podemos leer el cuento, tapando la imagen de Chanti, y dibujar nosotros una ilustración a partir de lo que leímos… E incluso podemos ir más allá y crear nosotros imágenes y cuentos nuevos, surgidos de nuestra propia imaginación: son actividades ideales para chicos, pero diría que también para los adultos: este libro puede considerarse “para niños”, pero es, sin dudas, para todas las edades.


En el cierre, como una forma de impulsar a los lectores a crear también, se presenta una imagen pero sin texto, para que cada quien complete con sus propias palabras la página en blanco.


Un hermoso libro de Chanti y Cecilia Blanco, lo recomiendo con fervor.



 
 
 

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