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Trenza que trenza estrellas

  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

Estos hermosos libros ilustrados (son dos volúmenes, cada uno de alrededor de cincuenta páginas) con poemas y textos poéticos de Storni, Ibarbourou y Mistral fue publicado por Ojoreja este año (2026), con la dirección editorial de Paula Fernández. Las ilustraciones y el diseño son de Daniel Roldán. La selección de los textos fue realizada por la poeta Laura Forchetti.

 

Voy a empezar esta norreseña felicitando la iniciativa de publicar esta obra. Ojoreja es una editorial que siempre publica libros hermosos, y que suele tomar riesgos comerciales en pos de ese objetivo. Aquí llevaron adelante una gran idea: reunir poemas de tres de las más importantes poetas latinoamericanas “clásicas” del siglo pasado: Gabriela Mistral (chilena), Juana de Ibarbourou (uruguaya) y Alfonsina Storni (argentina).

 

¿Por qué justo estas tres poetas? Laura Forchetti nos lo cuenta en el prólogo: hace muchos años, en el verano de 1938 en Montevideo, las tres se reunieron ante una multitud para recitar poemas. Qué bueno sería haber estado allí, pienso, y qué bueno imaginar que las tres vuelven a reunirse hoy, en este libro, para intercambiarse palabras y versos, en un diálogo, en una payada de a tres donde el único ganador es quien lee.

 

La noche es suave y muelle

tal cual si fuera hecha

con los vellones blandos

de alguna oveja negra.

(en “La laguna”, de Juana)

 

Los textos son hermosos, y están seleccionados con gran sensibilidad y cariño (hacia las autoras y la poesía). Las palabras aparecen en azul, y cada poema está firmado solo con el nombre de pila de la autora (Gabriela, Juana, Alfonsina). Los textos se van conectando y trenzando como estrellas, de forma que cada cual brilla, pero al unirse sinuoso con los demás, cobra otros sentidos y profundiza su belleza. Las tres poetas, que se van convirtiendo en amigas con las que vamos charlando, nos hablan de la naturaleza en sus diversas formas, de cómo sienten la sorprendente y a veces dolorosa sorpresa de vivir, de qué anhelan o sueñan en el presente inasible y para el futuro incierto.


Vuela sobre la piedra áspera

una paloma

de blancura de sal.

Extranjera parece su ternura

a las aristas

de la ciudad.

(en “Paloma”, de Alfonsina)

 

Las ilustraciones de Daniel Roldán son preciosas también. Ilustrar poesía es siempre un gran desafío, porque es fácil caer en “lo fácil” (viñetar un elemento mencionado en el poema: si se habla de una araña, dibujar una araña, y así), pero ese tipo de ilustración-viñeta guía la lectura, acotándola a una interpretación superficial, y por lo tanto tiende a limitar (o al menos, a no expandir) los sentidos múltiples del poema, las diversas formas en que podría ser leído e interpretado.


Aquí en cambio, Daniel nos presenta ilustraciones sugerentes, coloridas, donde las formas, hechas como con papeles o texturas recortadas, solo a veces nos dan la pista de un elemento figurativo, pero siempre nos dejan mucho para imaginar y descubrir, en el movimiento, los colores y las formas y cómo se interrrelacionan para multiplicar el impacto de esos textos que, aunque lejanos ya en el tiempo, se sienten actuales, urgentes, e incluso, diría, necesarios: necesitamos leer este libro. A mí me hizo bien, y si lo pueden leer, ojalá ustedes también lo crean.

 

Tres árboles caídos

Quedaron a la orilla del sendero.

El leñador los olvidó, y conversan,

Apretados de amor, como tres ciegos.

(en “Tres árboles”, de Gabriela)

 

Los dos tomitos van directo a mi estante de los libros bellos. Recomendados.

 

 

 
 
 

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