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“El príncipe Medafiaca” y “Medafiaca trabaja de rey”


Hoy les comento sobre dos librillos de la colección “Los piratas”, la serie para primeros lectores de la colección El Barco de Vapor, SM.

La historia de El príncipe Medafiaca es ahora, once años después de su aparición, una saga, con la edición reciente (2016) de sus nuevas aventuras: Medafiaca trabaja de rey.

En ambos libros, el texto de Graciela Repún es súper gracioso y por demás entretenido, y las imágenes, maravillas de papel armadas por Eleonora Arroyo, son alegres y tiernas, sencillas en apariencia pero siempre justas y esmeradas en colores, formas y texturas. Una gran dupla, Repún-Arroyo, el trabajo de ambas se potencia muy bien en estos libros.

(aquí vemos al príncipe en su actividad más habitual)

En el primer tomo de la saga, conocemos a Medafiaca.

En la primera página, además de anunciarnos que es príncipe, se hace un recuento de las cosas que le gustan. El recuento resulta ser breve:

AL PRÍNCIPE MEDAFIACA SOLAMENTE LE GUSTA UNA COSA: DESCANSAR.

NO LE GUSTA NADA MÁS.

La notable, inocultable vagancia del príncipe preocupa al rey, que quisiera, al llegar a ser viejito, que su retoño aprendiera algo que lo hiciera mínimamente capaz de gobernar, nada espectacular, algo básico, digamos como para mejorar, por lo menos, la performance de los gobernantes que estamos teniendo en el mundo real desde hace tiempo.

Cuando el rey le hace esos reclamos, el príncipe Medafiaca ni le contesta: “¿Para qué voy a cansarme hablando?”, piensa, en una actitud enloquecedora (para un padre) y a la vez, realista.

El rey, desesperado, lo obliga a tener un oficio, a “que se haga de abajo”, y lo convierte en ayudante de cocina.

Este príncipe, tan vago como el promedio de los príncipes (tanto los de ficción como los reales), de pronto se ve obligado a trabajar en serio. Descubre, más temprano que tarde, que trabajar cansa mucho. Descubre también, allí en la cocina, más tarde que temprano, que cocinar le gusta. Para cocinar sin cansarse tanto, idea métodos de pelado de papasen serie, de cálculo de ingredientes múltiples y demás tareas.

Y cuando, poco después, surge un nuevo y tremendo peligro para el reino, esos aprendizajes de Medafiaca lo ayudarán a hacer frente a todos los peligros y a salvar a su reino y, por añadidura, a la princesa Praliné.

Alerta spoiler: el libro termina con boda, oh sí. ¿Y adivinen quién cocina?

En Medafiaca trabaja de rey, la primera página plantea un juego con el comienzo del libro anterior: otra vez, una lista de las cosas quele gustan al príncipe. Solo que ahora, que es más grande, más responsable y, además, es un señor casado, esa lista se ha extendido (al menos, un poquito):

AL PRÍNCIPE MEDAFIACA LE GUSTA:

ESTAR CASADO CON LA PRINCESA PRALINÉ.

CONVERSAR CON SU PAPÁ, EL REY VIEJITO.

COCINAR.

DESCANSAR.

¿No es genial? Me hace reír mucho, el texto. Pero no es solo risa y risa: fíjense que, como en varias otras obras de Graciela Repún, por más que el libro esté destinado a lectores niños, no son los niños los que resuelven los peligros y salvan el mundo. Son adultos, y los adultos hacen cosas de adultos: estar casados, por ejemplo (que es algo mucho más difícil que participar de una boda, como muchos podrían atestiguar).

Pienso por ejemplo en El héroe repelente, novela de caballería de Graciela y de Enrique Melantoni (excelente también, la recomiendo, la publicó Planeta), donde en el comienzo mismo del libro un personaje, necesariamente femenino, tiene un hijo, pero antes de ello (como muchas podrán atestiguar) debe parir, y pare ahí, en el libro.

O sea: el mundo de los adultos no es fácil, y los niños harían bien en tenerles un poco de paciencia a esos seres que, además de trabajar y, ocasionalmente, salvar al mundo, fuman, tienen ansiedad, estudian, viajan, se acuestan con otros, se enamoran (no necesariamente de los anteriores), contraen matrimonio (no necesariamente con los anteriores), engordan, adelgazan, sufren y, como consecuencia de todo lo anterior, se cansan: mucho.

Como bien sabe el príncipe Medafiaca, que esta vez, para resolver los múltiples problemas y peligros del reino, al menos no está solo, sino que trabaja en equipo con su esposa, Praliné.

Y el rey pronto descubre que “¡Praliné y Medafiaca juntos son poderosos!”. Incluso logran conjurar el mayor peligro, el ataque del más peligroso monstruo que, sin embargo, es muy pequeñito, aunque eso podría cambiar si lo ofenden al pronunciar mal su nombre.

Alerta spoiler: se llama Fifipipititipapalaralara.

Graciela sabe hacer que ese mundo adulto, a la vez que lleno de aventuras, magia y risas, tenga también una especie de pátina de realismo cotidiano que, aunque no sea mágico, se agradece.

En fin: ambos Medafiacas, más que recomendados. Y dejo acá. Adivinen por qué.


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