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Las esferas invisibles


Hoy les comento sobre Las esferas invisibles, de Diego Muzzio (genial autor de La asombrosa sombra del pez limón, Un tren hacia Ya Casi Casi Es Navidad, El faro del capitán Blum, entre otros títulos "LIJ", y diversos libros de poesía y de cuentos). El libro, precioso, cuadradito, en un formato pequeño, ultra cómodo de llevar de acá para allá y muy bien editado, fue publicado (recién recién) por Entropía. No está presentado como LIJ: está dirigido a adultos (lo que no significa, por supuesto, que no deba o no pueda ser leído por humanos jóvenes).

El libro está integrado por tres nouvelles (cuentos largos o novelas cortas, como prefieran considerarlos) que tienen en común una ubicación histórica precisa: Buenos Aires en 1871, el año de la gran epidemia de fiebre amarilla (la misma ubicación histórica tiene también una de las más recientes novelas de Franco Vaccarini, Fiebre amarilla, publicada en Norma, que es muy buena también).

Las tres nouvelles (“El intercesor”, “El ataúd de ébano”, “La ruta de la mangosta”) comparten también una cercanía con lo inquietante, lo sobrenatural y lo tenebroso-diabólico, con esas “esferas invisibles” que titulan el libro y remiten a un epígrafe de Melville (“Y si bien en muchos de sus aspectos este mundo visible parece hecho en el amor, las esferas invisibles fueron creadas en el terror”).

La mímesis con las grandes voces del terror fantástico del siglo XIX es perfecta: al leer estos textos uno se siente como leyendo a Conrad, a Poe, a Stevenson, a Kipling. Por momentos, con conexiones a la literatura gauchesca, a los textos costumbristas del 1900, a “El inmortal” de Borges, a El señor de las moscas de Golding, a Lovecraft. Y es que estas nouvelles de Muzzio están tan bien escritas y tan impecablemente estructuradas que son, ya, en mi opinión, textos clásicos por prepotencia de trabajo (como diría Arlt).

En “El intercesor” (texto que dialoga con Conrad, ya desde el epígrafe, tomado de El corazón de las tinieblas), un joven sacerdote escucha (onda El exorcista de W. Blatty) el relato final de un viejo ciego (y cuasi diabólico) que en su juventud había sido deportado por Rosas a un fortín alejado de todo, a una frontera desierta donde solo rondaban la locura, la miseria y fuerzas desconocidas y siniestras.

“El ataúd de ébano” muestra a dos buscavidas delincuentes que vacían y roban ataúdes para revenderlos a precio de oro, considerando la gran demanda existente en la ciudad a causa de la peste. Pero mientras arrastran un ataúd, se les presenta una niña (que podría tranquilamente ser hija de Poe) que les pregunta por qué tardaron tanto y les exige que la sigan dentro de la casa y le entreguen el ataúd…

“La ruta de la mangosta” muestra cómo un joven se vuelve a la vez aprendiz de fotógrafo y de inmortal, aunque para ello deba entregar su cuerpo (y tal vez su alma) al opio y seguir una ruta de guerras, pestes y desgracias, para conseguir cadáveres frescos que le permitan sostener su juventud y su amor.

En síntesis: muy buen libro de Diego Muzzio. Recomendado.


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