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Toda plaza guarda un secreto


Terminó la feria del libro de Buenos Aires, y este año pude proveerme como corresponde, así que estoy listo, cual hormiguita altanera pero previsora, para pasar el invierno, e iré comentando en este blogcito, combatiente del frío, algunos de los libros que me gustaren.

O sea: no comentaré TODOS los libros que lea y me gusten: no daría abasto. Y por supuesto que solamente leo una pequeñísima parte de lo que se publica (algún libro alguien me regala, pero no soy un blogger-youtuber-instagramer-teenager-famoser, de esos que reciben de regalo todas las novedades del mundo, y lo previsor no me hizo rico (aún)). No tengo ninguna pretensión enciclopédica ni canónica: paso, de completar colecciones y de instalar podios. Que un libro me guste no significa más que eso. Y que no me guste no significa mucho tampoco, estoy dispuesto a aceptar sin reparos que hay cientos de libros buenísimos que no me gustaron y también que hay libros que me gustaron y que a muchas otras personas les pueden no gustar. Todo bien, master, no te sulfures.

Pero tampoco comentaré libros que no me gusten. Siguiendo la línea teórica expuesta por Germán Machado alguna vez: habiendo tan pocos espacios de comentarios sobre libros, ¿para qué utilizar esos espacios para comentar libros negativamente? Hay muchos libros que leo y no me gustan, pero no lo sabrán, porque ¿para qué?

Hechas las innecesarias aclaraciones, paso a comentar el libro de hoy, Toda plaza guarda un secreto, una novela de Florencia Esses ilustrada por Virginia Piñón, con edición de Cintia Roberts y publicada por Lúdico Ediciones recién recién, el mes pasado (abril 2018).

Es una atrapante novela corta, de unas cincuenta páginas, sugerida para la lectura de niños a partir de 6 años (pero claro, eso siempre es relativo: todo libro bueno “para niños” puede ser leído por cualquier lector, inclusive un adulto).

Este es, principalmente, un relato sobre la amistad: aquí Florencia nos cuenta la historia de Pablo, un niño que acaba de mudarse desde la gran ciudad a un pueblo pequeño. Pablo está en la plaza que no conoce, en ese pueblito que aún no conoce y donde no conoce a nadie, pero quiere jugar a la pelota, quiere no estar tan solo, quiere tener algún amigo. Y se le acerca un niño de su edad, Facundo, y rápidamente se vuelven grandes amigos.

Esa plaza se convierte en testigo de sus aventuras, de sus alegrías y sus problemas (como cuando le rapan a Facu sus icónicos rulos); pero la plaza también se convierte en el escenario de un misterio: comienza una construcción escondida tras unas herméticas maderas, y tanto Facu como Pablo se desviven por conocer qué hay detrás de ese muro, cuál es el secreto que esconde esa plaza, su plaza. Y la abuela de Facundo parece estar implicada, de alguna manera difícil de prever, en ese misterio policial que ronda la plaza del pueblo.

Una bella historia pequeña, sin estridencias, súper bien escrita, cuya lectura fluye plácida y gustosa entre el desarrollo de la amistad y el desvelo del misterio. Las ilustraciones de Virginia Piñón son hermosas, coloridas, alegres, llenas de expresividad y ternura.

En fin: un libro que disfrutarán niños y grandes.

Recomendado.


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