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Quizás en el tren


Hoy les comento sobre esta novela con dos autores, publicada por Loqueleo el año pasado (2018), con la dirección editorial de María Fernanda Maquieira y la edición de Lucía Aguirre.

Ya antes de comenzar la lectura, ver en tapa los nombres de dos de los mejores autores “juveniles” argentinos es algo que promete. Andrea Ferrari es autora de grandes novelas como La noche del polizón, Zoom, Los chimpancés miran a los ojos, la saga policial Sol de noche, entre muchas otras. Martín, de libros espectaculares como En la línea recta, Todas las tardes de Sol, Los extrañamientos o La oscuridad de los colores, entre otros.

Así que uno espera mucho, a priori, de un libro escrito entre ambos. Y Quizás en el tren cumple. Es una muy buena novela.

La estructura es sencilla: hay dos protagonistas, que se van alternando los capítulos (narrados en tercera persona, pero muy pegadita al personaje).

Por un lado, Alma (Jiang Li), una adolescente de familia china que vive en la ciudad de Buenos Aires, abrumada por problemas relacionados con su familia (lo que ellos esperan que ella haga, que estudie, que viva, que sea) y con el amor (el que no tiene por la persona que debería tener, el que sí tiene por alguien pero no sabe si él le corresponde o no. Y en ese preciso momento, el principal alfiler que la ata a su realidad y a su futuro está en su celular: unas fotos que son todo para ella, un llamado que espera con ansiedad infinita.

Por otra parte, Jorge, de unos treinta años, es un ladrón. Específicamente, roba celulares en trenes y colectivos. Considera que tiene un “don” para ello, y aunque sabe que no es correcto lo que hace, le gusta hacerlo bien, casi con un orgullo profesional del “ladrón con códigos” (no hay apología del delito, no temáis, docentes). Es sensible, filósofo por momentos, atrapado en sus pequeñas obsesiones y en la relación difícil con su familia disfuncional y con su propia realidad.

Y las ruedas de la historia comienzan a andar cuando una mañana, en un tren, Jorge roba el celular de Alma. Y Alma no se resigna a perder ese celular. Y Jorge no consigue desprenderse de él... y no cuento más para no espoilear. Pero sus caminos se rondan sin terminar de encontrarse durante muchos capítulos, y en algún momento, inevitablemente, por fin se cruzan.

Cualquiera que haya leído las obras de estos autores reconocerá rápidamente que Alma es un personaje re-Ferrari, y que Jorge es un personaje muy Blasco. Una buena combinación que aquí hace que la historia sea devorada con avidez y sin pausa y que, incluso, resulte corta (a mí al menos me hubiera gustado que continuara, que siguiera algunos capítulos más allá de donde efectivamente termina el libro).

Por todo lo dicho, consíganse esta novela y verán que no podrán dejar de leerla, ya sea en sus casas, en la calle o quizás, incluso, por qué no, en el tren.

Recomendada.


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