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Confusiones y disparates


Hoy les comento sobre este libro, recién-recién publicado (2019) por la editorial Vicens Vives, en su aún nuevita colección Jacarandá (de la que hace un tiempo norreseñé Leyendas de mar y fuego, de Franco Vaccarini y Eugenia Nobati); la dirección editorial es de Paola Martín; Susana Aime coordina la colección y la edición es de Ana Lucía Salgado.

Son nueve textos de la genial Graciela Repún: cinco cuentos intercalados por cuatro poemas. Cada uno de ellos se disfruta un montón, están repletos de humor, sorprenden y deleitan: desde los familiares que le cuentan a un niño “Caperucita” cada quien a su desopilante manera; unos cuervos que critican rapazmente la obra de un pintor realista; las penurias de una pobre bruja acosada por dos terribles niños angurrientos que quieren comer su casa de dulces; la búsqueda del incierto origen de una nariz portentosa; y el proceso de búsqueda y elección de un candidato a marido por parte de un rey fácil de convencer y su decidida y fuerte de carácter hija a quien le gustan los repollitos...

Los personajes van pasando, fugaces pero memorables, en una galería de disparatadas maravillas que dan ganas de leer y releer de inmediato. Todo escrito con gracia y cuidado absoluto por las palabras, su sonoridad y su sentido, como Graciela sabe hacer.

Las imágenes de Federico Porfiri son una genialidad también: incesantemente imaginativas, mutantemente coloridas, llenas de movimiento y divertidas, impredecibles e impactantes.

Un libro que se tiene en las manos con mucho gusto y que leí con gran placer. La edición está impecable, por cierto, nada te distrae de la lectura, todo colabora para sumar al disfrute literario de chicos y grandes (el libro está recomendado por la editorial para lectores a partir de 8 años, lo que por supuesto me engloba a mí también, que ya pasé esa barrera (hace algún tiempo...).

Si tienen la oportunidad de llegar a este libro, no la desaprovechen. Porque como dice Graciela en uno de sus poemas:

No saco barro de la leche

ni quito berro de la barrera,

ni como borra de la ensaladera,

porque hacer eso sería

¡una gran barrabasada!

Y termino acá. ¡Muy recomendado!


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