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Agua

Esta es la primera novela de Lía Chara y fue publicada este año (2021) por Rosa Iceberg, con la dirección editorial de Marina Yuszczuk.


[Digresión innecesaria: Lía es profesora de Castellano, Literatura y Latín, egresada (como yo) del profesorado Joaquín V. González, en la ciudad de Buenos Aires].


Es una novela breve y de una belleza áspera, urgente y encarnada como una herida. Está armada con capítulos muy breves (todos de menos de una página y algunos que constan de solo una frase) en primera persona y tiempo siempre presente que narran, sin explicar nunca nada, sin adjetivos casi, con frases cortantes y despojadas, la deriva mental de una protagonista sin nombre que se disloca una y otra vez su hombro cuando va a la pileta (como parte de un tratamiento para su columna) y así experimentar con su capacidad de sentir y soportar el dolor, una mujer que vive y trabaja sola y que está a cargo de Flora (más allá del amor que se tienen, no sabemos exactamente qué lazo la une a la narradora: podría tener una relación de parentesco con ella o no tenerla), quien está internada en una institución hospitalaria (¿neuropsiquiátrico, geriátrico?).


La narradora va pasando, en una sucesión de escenas tan mínimas que son como imágenes únicas, como fotos narrativas, por el transcurrir de ese presente en el que se ve inmersa, por momentos hecha puro cuerpo y sensaciones. Allí en la pileta conoce a otra mujer, a quien llama medusa, sirena, pulpo; otra sobreviviente (tiene una cicatriz que le cubre el codo), con quien inicia una relación amorosa que configura un triángulo nunca quieto y que también fluye, como la realidad que define la narradora en sus palabras cuasi oníricas, en una especie de corriente líquida imposible de asir, de retener, de definir ni de frenar.


[Otra digresión: no me gustó el texto de contratapa de Gabriela Cabezón Cámara, que es muy elogioso pero explica la novela de una forma determinada (proponiendo una clave que dirige a quien lee y por lo tanto la/lo limita) y define al texto (en mi opinión, inexacta e innecesariamente) como un poema. Recomiendo no leer esa contratapa, o hacerlo luego de leer la novela].


Aunque nada es explicado y entrar a esa prosa lacerada y lacónica implica un impacto (como cuando uno choca contra el agua y rompe su espejo en el instante de la zambullida), uno pronto entra en el ritmo de ese fluir y entiende todo lo que necesita entender, quizás incluso más.


Como dije, es una novela hermosa, que se disfruta mucho y que resulta, en su brevedad y extrañeza, memorable.

Recomendada.

(Abajo incluyo tres capítulos, para que vean a qué me refiero y se tienten a leer).


15

Abro, como una llave, el hombro. Hacia atrás, hacia adelante y de nuevo hacia atrás. Aún no escucho el sonido que sé que se produce al ejecutar la dislocación. Sostengo brazo desde codo. Resisto. Hasta dónde puede llegar si suelto. Hasta dónde pueden estirarse nervios y ligamentos. Trepo con mano izquierda por tríceps, aguanto respiración. Atrás, adelante, atrás. Cierro llave. Anoto en el cuaderno, siete segundos.


16

Hoy hablamos por teléfono. Le cuento que estoy muy congestionada, que no puedo llevarle esta semana las cosas que me pidió. Tampoco tuve ánimo par salir, eso no se lo digo. Se enoja. Quiere que mande a alguien a que le lleve, por lo menos, las pantuflas de polar rosa y los auriculares. Le digo que no son necesarios, que puede esperar unos días. Que no tengo a quién pedirle. Ella lo sabe. Le piden el teléfono. Le digo que la quiero mucho. Que te quiero mucho Flora. Se corta la llamada. Salgo de la cabina y pago según indica el marcador. No hablo. Puedo estar todo el día sin hablar. Toda esta semana. Puedo manejarme señalando las cosas que necesito sin siquiera mencionarlas. Con el dedo, con un gesto. Puedo no necesitar, ni siquiera, de mi cuerpo.


17

Escapo de los huesos que me tejen.

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