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Aroma en su laberinto

Este libro... aunque ahora dudo si llamarlo así. Pero sí, es un libro, un libro-objeto, un libro-perfume, un conjunto de versos escritos en hojas que se sueltan y caen en zigzagueante equilibrio desde un árbol de poesía hasta nuestro interior y fue publicado por Ruedamares hace pocos meses (fines de 2020).

Este libro, decía, de la gran María Cristina Ramos (finalista en el último premio Andersen, nuevamente candidata por la Argentina para la edición actual), reúne una decena de poemas (romances y coplas) sobre el té, envueltos en una cajita transparente que hace las veces de saquito. Está formado por una puñado de hojas separadas, ilustradas con fotografías y tramas vegetales, así que los poemas pueden saborearse por separado, en cualquier orden, y viajar cada uno por su lado, ser convocados cuando más nos hacen falta (como el momento del té reparador en estas tardes de ya casi invierno), ser presentados junto con una taza humeante como un regalo de perfumada poesía para alguien a quien queremos.


En un punto del día

hay un té de manzana;

la luz juega su baile

ante su cuerpo de agua;

ante su aroma rojo,

el sol cuida sus llamas. (...)

(en “Té de manzana”)

Quizás sobra decirlo, pero igual lo digo: los poemas son hermosos. Tocan una cuestión muy ligada a lo inasible, a los sentimientos y sensaciones que atesoramos: los aromas y los sabores. Por eso, al igual que el té, es importante no solo lo que aportan al gusto y el olfato, sino las memorias y las presencias que se enraizan con el perfume y nos vuelven a la mente.


(...) (La madre que ofrecía

tecito de cedrón,

“por si te duele un poco

lo oscuro del amor”.)

(en “De cedrón”)


La propuesta, en síntesis, es delicada y al mismo tiempo lúdica, como para recordarnos que la poesía no es un monte lejano sino que está aquí cerca, que es parte de nosotros, que podemos olerla en el aire y utilizarla, como una taza de té, para aliviar nuestros pesares cotidianos, seguir un poco más, estar un poco mejor.

Recomendado.


De palabras lejanas

quiso venir el té,

palabras como alhajas

para alumbrar la sed.

De camellia sinensis

follaje tropical

que se mece y florece

con hilos de cristal. (...)

(en “Camelia”)


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