Dos tardes con Trini
- vargassebastianh
- 27 ago
- 3 Min. de lectura
Esta novela de Mario Méndez fue publicada recién (2025) por Buena Cosecha, con la dirección editorial de Luciana Villegas y la edición de Laura Scisciani.

Una tarde cualquiera, un encuentro fortuito entre Francisco y Trini, en el bar La Academia (en el centro de la ciudad de Buenos Aires) desencadena un caudaloso río de recuerdos. Desde la memoria de esa vieja amistad que no llegó a convertirse en amor vuelven uno por uno los eventos, lugares y personas que formaron el pasado de los dos y, en cierta forma, el presente también: una villa popular y quizá peligrosa, un maestro entrañable, las formas evidentes y sutiles de la violencia, la búsqueda de salir adelante por más difícil que la vida se vuelva, los romances que se inician y se truncan, la muerte que ronda en cada esquina lista para asestar su golpe furtivo, las aventuras mínimas y los riesgos que desgranaron las horas de aquella tarde lejana con Trini, espejada con esta otra tarde de recuerdos encontrados en un bar de la ciudad.
A pesar de ser una novela breve, que pide ser leída de un tirón, se presenta una enorme cantidad de personajes (cerca de 50). Algunos aparecen durante un párrafo nomás, pero igual se sienten creíbles, uno los lee convencido de que existen y de que cada uno tiene una historia detrás: como si este mundillo de la villa 20 fuera una Yoknaphatawpha, el condado inventado por Faulkner, y esos personajes estuvieran allí, un conjunto de material narrativo listo para ser contado y retomado en algún momento en otras historias paralelas.
La segunda tarde con Trini, la del café en La Academia, es un eco de esa primera tarde (que es, a su vez, la última tarde en que se vieron en la villa 20, la tarde en que, sin saberlo, se despidieron). A diferencia de “Las cuatro y diez”, de Aute, Trini y Francisco no se cuentan casi nada de su presente (salvo que están de novios, que él publicó un libro, en dónde están trabajando); usan ese nuevo encuentro para contarse los recuerdos, para narrar una tarde única: hay en esa bifurcación entre dos tardes una unidad de tiempo y de espacio, un reflejo entre esos dos presentes, el de la narración principal (la novela) y el de la narración incluida (lo que se cuentan los personajes).
La tarde pasada termina en un velorio, y cuando se hace de mañana y sale el sol, es la señal de que la novela está terminando; de que ya terminó, aunque no hayamos llegado a la última página. Cuando se despiden Trini y Francisco, ese saludo es feliz porque se regalaron, entre los dos, la reconstrucción de aquella tarde de ocho años atrás, de ese amor que no llegó a ser pero que, sin embargo, de alguna forma, igualmente fue.
Con maestría narrativa, Mario Méndez nos conduce por un collar de escenas y personajes suburbanos y queribles que se hilvanan en un caleidoscopio sin puntos ciegos, y logra al mismo tiempo que la historia se sienta cercana y urgente, en el ir y venir entre hoy y ocho años atrás, entre aquel pasado pobre pero dorado y este tranquilo y melancólico presente, entre las dos únicas tardes que pasaremos con Trini.
Esta es, curiosamente, la primera novela de Mario publicada “para adultos” (tiene decenas de libros "para chicos" y "para jóvenes"). Y aquí la recomiendo.
Encontré a Trini un miércoles a la tarde, en plena primavera porteña. Era y no era un día cualquiera: era miércoles, como el día de la feria, como la noche del velorio. Iba por Callao hacia Rivadavia, apurado, porque se me hacía tarde para llegar al instituto. Ella estaba apoyada en uno de los ventanales del bar La Academia y apenas la vi supe que esa tarde ya no iría a estudiar. Trini levantó la cabeza del libro que estaba leyendo justo cuando yo pasaba por la puerta, gritó “¡Francisco!” y saltó de la silla. Yo no dije nada, pero entré de inmediato. Nos abrazamos, retrocedimos un paso para vernos mejor, nos volvimos a abrazar, nos reímos. Me dijo que estaba de paso, que había ido a caminar por Corrientes, a comprarse los libros que a su pueblo no llegaban, que quizás iría al cine. Y que tenía toda la tarde: una tarde que me invitó a compartir, sin que hiciera falta que me lo dijera.
Tuvimos una larga, larguísima charla. Una charla que yo necesitaba, que había esperado, sin saberlo, durante muchos años.



Comentarios