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La desobediente

Esta novela de Paula Bombara fue publicada recién (febrero de 2021) en Loqueleo, con la dirección editorial de María Fernanda Maquieira y la edición de Lucía Aguirre.

Empiezo por la conclusión: me encantó la novela. Paula es una de las grandes autoras argentinas actuales, y aquí lo muestra con una historia de gran complejidad pero que a la vez te atrapa desde la primera página y fluye con una prosa tersa y cuidada, que se lee fresca y actual incluso cuando representa discursos y cartas de dos siglos atrás.


Me gustó especialmente cómo aparece Frankenstein en el libro. No es la historia de Frankenstein, no. Ni el monstruo ni su creador son los protagonistas de la historia, aunque aparecen como personajes secundarios. Y sin embargo, yo al menos sentí la historia como un bello y delicado homenaje a la obra de Mary Shelley.


Por un lado, porque la joven protagonista, Florence, funciona como analogía del monstruo de Frankenstein. Ella queda huérfana en un naufragio y es adoptada por sus tíos, el estricto profesor y científico Waldman y su esposa Mildred, padres de tres varones (los nuevos primos de la huérfana), en la ciudad de Ingolstadt, a fines del siglo XVIII.


Como se advierte en la sugerente ilustración de tapa de Raquel Cané, una enorme y fea cicatriz (una herida del naufragio) cruza la cara de Florence, pero lo que realmente la vuelve “monstruosa” no es su aspecto, sino su desobediencia: pronto muestra una enorme afición por la ciencia y un incansable entusiasmo por el conocimiento. Se encuentra de inmediato, sin embargo, con un muro infranqueable: estudiar en la universidad está prohibido para las mujeres. La ciencia está vedada para ellas, porque “ese no es su lugar” en la sociedad. Y el profesor Waldman, por más que quiere a su nueva sobrina y elogia (y aprovecha) su interés por la ciencia, está muy contento con cómo son las cosas y no piensa romper las reglas vigentes por nada del mundo: es, en síntesis, un conservador, y esa postura inconmovible le costará, al fin y al cabo, el afecto de las personas que más quiere, cuando Florence desobedece las normas para intentar, aunque sea a escondidas, estudiar y practicar ciencias y es capaz de plantearse aplazar o incluso rechazar el único camino “honorable” que la sociedad le permite, el del matrimonio.


Por otro lado, porque Frankenstein es el principio constructivo de este libro: la novela misma está armada por partes, como un Frankenstein, a partir de la superposición de cartas, de discursos o papeles citados dentro de esas cartas, de testimonios diversos que, a pesar de su heterogénea procedencia, al ser reunidos y ordenados con esmero y arte se convierten en un cuerpo único y cobran vida ante nuestros ojos lectores. Y la intriga, los peligros y las aventuras aumentan a la par del misterio, mientras ignoramos, como el profesor Waldman, lo que está pasando realmente, pero sabemos que están sucediendo muchas cosas y que en algún momento, cerca del final, todos los misterios serán develados.


La desobediente es también un homenaje a la lucha de las primeras feministas y de las primeras científicas, pioneras en un ámbito dominado por los varones durante largos siglos.


No dejen de leer esta novela. Así exclamaremos junto con Florence, lema y contraseña: Semper fortis!


Recomendada.

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