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Las palmeras salvajes (Faulkner-15)

Este fue el primer libro de Faulkner traducido en América Latina (el libro original es de 1939; en 1940 se publicó la traducción), y que su traductor haya sido nada menos que Jorge Luis Borges hizo que, incluso hasta hoy, sea uno de los libros más leídos de Faulkner en nuestro país y alrededores, mientras que en Estados Unidos u otros lugares no es tan conocido y fue largamente subestimado. La acción no ocurre en el condado de Yoknapatawpha, así que es discutible si este libro forma parte o no de la saga; yo prefiero incluirlo, aunque más no sea porque es un gran libro y porque los personajes comparten visión de mundo y desgracias diversas con sus vecinos yoknapatawphagüenses, como si hubieran nacido allí pero debieron exiliarse.

A jugar con Faulkner (y con Borges)

Indique cómo cree que tradujo Borges los siguientes términos o frases de The Wild Palms.

1. outside

a. allá b. afuera c. del lado exterior d. fuera e. juera

2. flashlights

a. linternas b. antorchas c. reflectores d. luces e. todas las anteriores

3. deputy warden

a. director b. delegado director c. delegado d. guardián e. todas las anteriores

4. “Women, shit”

a. —Mujeres. Mierda. b. —Cosas de mujeres... c. —¡Mierda de mujeres! d. —Mujeres... ¡a la mierda! e. —¡Mujeres!...

La estructura

Este es otro experimento estructural de Faulkner (ya vimos muchos). Aquí tomó dos nouvelles, dos cuentos muy largos (“Las palmeras salvajes” y “El viejo”), los fraccionó y los superpuso, alternándolos, de forma que quedaron diez capítulos:


- Cinco (los impares) titulados “Las palmeras salvajes”, que cuentan la historia del amor prohibido entre Harry, un casi médico, y Charlotte, una mujer casada y con hijos. Ambos escapan, como prófugos de la sociedad que los rechaza, y llegan a una zona de montañas (no diré más, para no espoilear).

- Cinco (los pares) titulados “El viejo”, que cuentan la historia de un preso (le dicen “El Alto”) que mientras está ayudando durante una gran inundación del Mississippi, lo mandan en un bote a rescatar gente de los techos, y rescata a una mujer embarazada, pero la corriente los lleva, no pueden regresar, y quedan navegando a la deriva en forma indefinida.


Frecuentemente ambas nouvelles fueron consideradas por separado, como si fraccionarlas e intercalarlas fuera solo un capricho de Faulkner; sin embargo, hay analogías entre lo que sucede en ambas historias, y los viajes en ambos textos (la huida de Harry y Charlotte, la deriva del bote con el preso y la embarazada) son, en un punto, filosófica y literariamente equivalentes. Así que sostengo que el libro debe leerse y entenderse como una novela, no como dos partes separadas.


Que el título de la obra haya quedado igual que el título de una de sus partes colaboró con esa mala interpretación, pues para muchos el texto “Las palmeras salvajes” (que dio titulo al libro en su publicación original) quedó como más importante que “El viejo”, cuando ambos tienen igual importancia.


El título

El título que Faulkner pensó, el que le puso a este libro es: Si te olvido, Jerusalén (If I Forget Thee, Jerusalem). Es un gran título, bien faulkneriano, que retoma el libro que más veces usó como intertexto: la Biblia. La frase es una línea del salmo 137, un canto terrible de añoranza vengativa en el que el pueblo judío, exiliado de la Tierra Prometida, jura nunca olvidar esa patria lejana y promete una sangrienta venganza contra sus enemigos, los edomitas:


[...] ¿Cómo cantaremos el cántico de Jehová en tierra extraña?

Si me olvido de ti, oh Jerusalén, olvide mi diestra su destreza.

Mi lengua se pegue a mi paladar si de ti no me acuerdo, si no enaltezco a Jerusalén

como tema de mi alegría.

Acuérdate, oh Jehová, de los hijos de Edom, que en el día que atacaron Jerusalén decían: “Arrasadla, arrasadla hasta los cimientos”.

Hija de Babilonia la Desolada, bienaventurado el que te dé el pago de lo que tú nos hiciste.

Bienaventurado el que tome a tus niños y los estrelle contra una roca.


Eso de “bienaventurado quien estrelle a tus niños contra una roca” no suena muy misericordioso que digamos, ¿no? Nada de “presentar la otra mejilla” y esas flojedades nuevotestamenteras. A la vez, los niños (su muerte y su supervivencia) son un tema esencial del libro, así que está más que bien elegida la cita bíblica, por parte de Faulkner.


Peeeeero... como ya pasó otras veces, el editor (o alguien que escondió la mano tras tirar la piedra) pensó que el título que había puesto Faulkner no era un presagio de buenas ventas, y entonces tomó el título del primer cuento, que sí tenía punch y gracia, Las palmeras salvajes, como título para el libro (lo que genera una distorsión interpretativa, como dije cuando hablé de la estructura del libro). Igual no fue un éxito de ventas, les aviso. Últimamente, algunas ediciones recuperan el título Si te olvido, Jerusalén.


Sobre el significado de “Las palmeras salvajes”: es ambiguo. Uno podría interpretar que Harry y Charlotte son, ellos mismos, las palmeras salvajes: plantas errantes y fuera de la ley, que intentan crecer en un paisaje donde claramente no deberían. O quizás simplemente se refiera a palmeras de la especie Trachycarpus fortunei, palmeras de aspecto ecuatorial pero que soportan temperaturas extremadamente frías (como deben hacer Harry y Charlotte en buena parte del libro).


Norreseña

Hay aquí, entonces, dos historias superpuestas, ambas de viajes (huidas), de personas a merced de los elementos desatados (los prejuicios sociales, la inundación), de prisioneros (reales o figurados) que intentan no escapar de sus respectivas condenas, sino simplemente, hasta que la pena máxima les llegue, vivir y hacer lo que sienten que deben hacer.


En “Las palmeras salvajes”, la historia de amor prohibido y frenético de Harry y Charlotte deja mucha tela para cortar. Harry no sé si es un gran personaje, pero Charlotte Ritenmeyer es sin dudas uno de los grandes personajes femeninos de Faulkner, y estaría en mi podio, si no estuviera ya firmemente copado por Lena Grove [de Luz en agosto], Caddy Compson [de El ruido y la furia] y la abuela Millard [de Los inconquistados]. Esta historia culmina con un aborto clandestino, así que resulta de plena actualidad (aunque es cierto que tanto “verdes” como “celestes” podrían tirar agua para su molino, a partir del texto).


La fábula del preso que queda compartiendo bote con la embarazada en medio de la gran inundación parece, por momentos, eso mismo: una fábula. Sin embargo, no hay moraleja aquí, y aunque el preso se niega a escapar cuando puede hacerlo, acepta luego que aumente su condena por intento de fuga, porque en cierta forma sí se fugó, en esos largos días con esa mujer que no conoce pero que, en cierta forma, aprende a amar, mientras le salva la vida (y en cierta forma, podría decirse que deja que ella salve lo que le queda de vida a él).


Aunque los personajes de ambas partes no se conocen y no comparten geografía ni tiempo (“El viejo” ocurre diez años antes que la historia de Charlotte y Harry), hay una concepción circular del tiempo (con flashbacks hacia el futuro en ambas historias) y una sutil pero clara relación entre esas mitades fraccionadas del libro.


No sé si esta novela entraría entre los grandes libros de Faulkner, pero sin dudas es uno muy bueno, que vale la pena leer. Incluso en la traducción de Borges, si no hay nada mejor a mano.


Una curiosidad

La traducción que Borges hizo de The Wild Palms es todo un tema. No hay ninguna duda de que Borges dominaba a la perfección tanto el idioma castellano como el inglés, por lo que tenía las herramientas necesarias (y más) para hacer una traducción impecable. Quienes evaluaron la traducción que hizo oscilan entre considerarla excelente y decir que es pésima. Yo estoy con los últimos: me parece una traducción espantosamente mala. En principio, porque mi concepción de qué es una traducción literaria (y en consecuencia, cómo debe ser) es radicalmente opuesta a la de Borges, quien consideraba a la traducción como una creación a la par de la del texto original, y no creía que el traductor le debiera ningún “respeto” a la obra que estaba traduciendo, sino que podía (e incluso debía) cambiarla a su gusto, para mejorarla como lo considerara conveniente. Esta concepción del “traductor creador” está muy difundida, aún hoy; y diría que fue la forma preponderante de considerar las traducciones literarias desde sus inicios hasta al menos la década de 1960.


Además, en este caso, Borges despreciaba la obra original. Consideraba a The Wild Palms como una obra modernista innecesariamente experimental, con una trama demasiado “desparramada”, una “novela psicológica” (género que Borges odiaba), con personajes demasiado modernos, que no respondían a las convenciones (las de género y clase social, por ejemplo) que él defendía. Opinaba, también, que no era la mejor novela para conocer o apreciar a Faulkner. Y entonces, Borges usó la traducción como excusa para crear una obra que se correspondiera con sus propios criterios sobre qué es buena literatura.


Aun con ese presupuesto, Borges no hizo el trabajo con ningún cuidado; no le puso ni media onda. Además de los cambios abruptos e intencionales (como introducir gratuitamente términos en lunfardo, abolir malas palabras y párrafos enteros, poner como diálogo partes que son narración y viceversa, o intercambiar lo que dicen el sumiso Harry y la dominante Charlotte, de forma que él diga las cosas más “machas” y ella las más apocadas y “femeninas”), Borges cometió un sinfín de errores básicos (como, por dar un ejemplo entre centenares [les juro que no exagero, son centenares de verdad], traducir guest [“huésped”] como “dueño de casa”... más de veinte veces a lo largo del libro). Y, por si fuera poco, Borges decidió hacer su traducción no a partir del libro originalmente publicado por Faulkner, sino de una edición censurada que se había hecho en Inglaterra; de forma que ya de entrada, por propiedad transitiva, en su traducción se censuraron también las malas palabras, las escenas de sexo y todo lo que podía resultar “atrevido” o revulsivo en la novela.


El resultado de esto es que The Wild Palms y la traducción de Borges son dos libros bastante distintos. Algunos consideran que, haciendo esto, Borges efectivamente mejoró el original, y su versión hizo significativo (y conocido) un libro “flojo” de Faulkner. Yo, que obviamente adoro a Faulkner, pienso lo opuesto: Borges hizo un desastre, empeoró sensiblemente el texto original e impidió (o retardó) que los lectores conociéramos de verdad a uno de los mejores novelistas de la historia. (Quizás está de más decirlo, pero igual lo aclaro: me encanta Borges como autor, y leí y aprecio su obra).


Un fragmento

(...) —Lo encontré —dijo ella.

—¿Encontraste qué?

—Un departamento. Un estudio. Donde yo pueda trabajar también.

—¿También? [...]

—Sí, también. ¿Piensas que mil doscientos dólares van a durar para siempre? Vives en pecado; no puedes vivir de él.

—Lo sé. Pensé en ello antes de contarte por teléfono aquella noche que tenía mil doscientos dólares. Pero esto es una luna de miel; luego nosotros...

—Lo sé también —ella lo agarró del pelo otra vez, lastimándolo de nuevo aunque ahora él sabía que ella sabía que lo estaba lastimando—. Escucha: tiene que ser todo luna de miel, siempre. Por siempre jamás, hasta que uno de los dos muera. No puede ser ninguna otra cosa. O el cielo o el infierno; ningún purgatorio seguro confortable pacífico en el medio entre tú y yo para esperar hasta que la buena conducta o la indulgencia o la vergüenza o el arrepentimiento nos venzan.

—Así que no soy yo en quien crees, en quien confías: es el amor —ella lo miró—. No solo en mí; en cualquier hombre.

—Sí. Es el amor. Dicen que el amor muere, entre dos personas. Eso no es cierto. No muere. Solo te deja, se va, si es que no eres suficientemente bueno, suficientemente valioso. No muere: quien muere eres tú. Es como el océano: si no eres bueno, si empiezas a dejar en él un mal olor, simplemente te escupe en algún lado a que mueras. Uno muere de todas formas, pero yo prefiero ahogarme en el océano a ser vomitada en una cinta de playa muerta y secarme al sol hasta ser una manchita sucia sin ninguna palabra que la nombre, salvo un ESTO FUE como epitafio. Levántate. Le dije al hombre que nos mudaríamos hoy.

(en el segundo fragmento “Las palmeras salvajes”)


Respuestas de “A jugar con Faulkner”:

1. Respuesta e (no hay ninguna razón para el término gauchesco, porque en el párrafo en cuestión esta palabra es pensada por un médico de clase media).

2. Respuesta e (Borges fue variando la traducción a lo largo del libro, sin ningún motivo).

3. Respuesta e (también fue variando la traducción, con el añadido de que ninguna de las opciones que eligió parece acertada).

4. Respuesta e (esta es parte de la frase final del libro).

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