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Linda pelirroja, pecosa, pecosa

Este cuento de Lilia García Bazterra, con ilustraciones de María Lavezzi, fue publicado recién (2021) por Edelvives en su colección Ala Delta - serie roja (recomendada para lectores a partir de seis años, para leer en forma autónoma [como yo] o con ayuda), con la dirección editorial de Natalia Méndez.

Es un libro encantador, este. De esos en que todo (el ritmo y la sonoridad, las imágenes, la poesía, el sentido del texto) funciona a la perfección para producir emociones en quien lee.

La niña pelirroja que aparece en el título es quien narra y, a partir de una anécdota cotidiana muy pequeña (están por salir para visitar a la abuela y la mamá no encuentra las llaves), poco a poco, con maestría, se van encadenando motivos y escenas, de forma que no tenemos idea de a dónde nos va a llevar la historia hasta que estamos allí.


Para encontrar las llaves, la niña decide pedirle ayuda al travieso Gromik, el gnomo que vive en la casa y que trae las cosas que se perdieron (cosas que, tal vez, él mismo escondió previamente). Conjuro mediante, Gromik hace que las llaves aparezcan y la familia puede salir.


Esta intervención mágica permite que la narradora cuente la historia de Gromik, de cómo nació y cómo llegó, regalo de la abuela, a su casa.


Esa historia y ese cantito llevan a hablar de la abuela (nieta y abuela se adoran mutuamente, eso queda clarísimo a lo largo del libro) y cómo siempre que se encuentran le canta a la niña, cariñosa, una canción:

Linda pelirroja,

pecosa, pecosa,

tiene en cada peca

una mariposa.


Y todo lo anterior lleva a otra cuestión, a otras cosas que se pierden: los recuerdos de la abuela. Ella se olvida de palabras y personas y “se pierde”, cada vez más a menudo. Por eso cuando al fin llegan a visitarla, la niña pecosa corre a abrazarla y, para traer esos recuerdos perdidos, convoca una vez más al gnomo Gromik, recitando el conjuro que y esperando que, una vez más, funcione.


Una historia llena de ternura, que se complementa con hermosas imágenes para dar como resultado un libro memorable. No se lo pierdan (o llamen a Gromik, en todo caso, si se lo están perdiendo). Recomendado.

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