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No se lo digas a nadie

Esta excelente novela breve, la primera de Silvana de Ingeniis, fue publicada hace muy poquitos días (junio de 2020) por el sello Clara Beter.

Se trata de una obra polifónica: cada capítulo está narrado en una de las múltiples voces que confluyen para trenzar una historia que de alguna forma todos conocemos (porque la recibimos, como diría Serrat, “con la leche templada y en cada canción”) pero que es a la vez siempre distinta, eternamente atrapante: una intriga familiar, un pequeño pueblo italiano durante la guerra; las voces débiles de quienes sobrevivieron, las voces acalladas de los que ya no están; las férreas reglas de una sociedad implacable que, cada tanto, se quiebran aunque el precio por pagar sea infinitamente alto; un viaje a través del mar buscando un futuro mejor; la búsqueda, en las nuevas generaciones, de encontrar la propia identidad familiar, o la verdad, o al menos hallar los hilos que quedaron de aquella trama.


Esta nouvelle, súper bien escrita y con escenas memorables y párrafos conmovedores (y otros impactantes y tremendos), me recordó a la novela “Lucía no tardes”, de Sandra Siemens, y a “El juramento de los Centenera”, de Lydia Carreras, y a las novelas alpinas de Dal Masetto; porque en este país todos somos hijos de migrantes, incluso en el improbable caso de que la genealogía lo niegue, así que cada uno, quién más quién menos, lleva un secreto familiar en las alforjas, algo que necesitamos saber, recordar y, a pesar de todo, contar. Por eso es muy fácil conectarse emocionalmente con este relato en el que De Ingeniis reelabora, con cuidado artificio, las historias y las voces reales que seguramente se tejieron en su verdadera familia italiana.


Aquí, en "No se lo digas a nadie", las voces son múltiples pero son las mujeres (como casi siempre en la vida) las que llevan el peso de la narración y de los secretos. Hay dos hermanas, Teresa y Elisa, que se odian a causa de un hombre, Antonio, que se fue a la guerra pero antes se casó con una de ellas y amó a las dos y quizás, solo quizás, pueda regresar vivo a ese pueblo maldecido por el sol y la sequía y la miseria y los rumores y los resabios de la segunda guerra. Lucía, la hija de Teresa y Antonio, intenta descubrir más acerca de esos secretos terribles, de vida y muerte y tiempo, que crecen como moho a su alrededor y por todo el pueblo, y lanza andanadas de preguntas que pocas veces son contestadas (“¿Yo tengo una hermana, Cata?”). Casi todas las narradoras hablan con Cata, la vecina que cose y borda, la que escucha los secretos del pueblo pero nunca los revela. O casi nunca. Y Emma, en otro tiempo, décadas después, es quien regresa al pueblito de Portigliola para encontrarse con las últimas palabras de una familia (una verdad dicha, un cúmulo de secretos cuidadosamente ocultos) de quien solo conoció una parte, una versión incompleta.


Los capítulos son breves y están organizados en tres partes que son como tres actos de una obra teatral, y la nouvelle se lee de un tirón y se disfruta mucho. Si bien no fue escrita, supongo, específicamente para lectores juveniles, pienso que puede ser leída sin problemas por adolescentes y jóvenes, como las otras “novelas migrantes” que mencioné más arriba.


En fin: una genial nouvelle, no se la pierdan. Muy recomendada.

Eso sí: cuando la lean, tienen permiso para decirlo a quien quieran.

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