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Se siente un perro sentado

Este libro álbum en cartoné con texto de David Wapner e ilustraciones de Isol fue publicado por Ojoreja en su colección Primera Poesía, con la edición de Paula Fernández y Cintia Roberts.

Lo primero que quiero decir es que no se dejen engañar por las hojas duras y la apelación a los primeros lectores: claro que a este libro lo pueden leer pequeños, incluso bebés (con algo de ayuda); pero también está listo para ser disfrutado por lectores de todas las edades, también adultos (incluso profesores de literatura cincuentones como quien se sienta aquí en mi silla, por qué no).


La historia que desgrana el poema es breve, lo que sucede es muy poco, y entre los dos personajes que aparecen en el libro (un perro y un humano) no se intercambian ninguna palabra; y sin embargo, suceden muchas cosas entre ellos, y dicen mucho con sus miradas y sus sentadas).


Un perro se sienta, y luego, sin dejar de estar sentado, se vuelve a sentar. Y luego se sienta de nuevo, y se sienta una vez más. Como constata el poema, entre sorpresa y maravilla:


Cuatro veces se sienta.

Y si quisiera

se podría seguir sentando.


El perro se sienta tanto que se hace difícil no sentirlo ahí, tan sentado. Y entonces algo sucede, la sentación del perro provoca una acción, de la que no hablan las palabras pero van mostrando muy de a poco las ilustraciones, y eso hace que el perro se levante. Aunque se sentó cuatro veces, se levanta una vez sola, y esa paradoja, ese sinsentido del tanto sentado que tiene ese perro es notado por el narrador, mientras en la escena final una puerta se cierra detrás de un perro ya no sentado pero sí sentido.

Isol siempre tiene, tanto en sus obras integrales como en las que solo ilustra, una sensibilidad especial para mostrar las sutilezas de los juegos infantiles y las relaciones de amistad (entre humanos, y también de humanos con otros animalitos); así que este poema lúdico, divertido pero a la vez profundo de Wapner es perfecto para que ambos autores desplieguen todo eso de lo que son capaces, y el resultado es una genialidad que vale la pena regalar a niños, bebés, adolescentes, gente grande, perros parados o sentados, pero por sobre todo guardarnos uno nosotros, para dejarlo sentado en el estante de los libros lindos.


Sentido y recomendado.

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