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Todos los colores del mundo

Esta novela de Guillermo Tangelson fue publicada recién (2023) por Estrada, en su colección Azulejos (Serie Roja), con la coordinación literaria de Karina Echevarría. La ilustración de tapa es de Romina Pereyra (de entrada, antes de leer, como que uno ve solo una maraña de personajes en círculo, pero cuando uno ya leyó es genial detenerse e identificar a cada uno de los personajes y los detalles en sus ropas y sus posturas).


La historia empieza con una frase directa y brutal: “Su hija va a a morir”, le dice el doctor... a la mamá de la protagonista, que está ahí sentada al lado en el consultorio. Petu, la chica en cuestión, es una chica muy joven (aunque ya adulta), y le diagnosticaron ELA (esclerosis lateral amiotrófica), una enfermedad poco frecuente (aunque la padecen miles de personas) y, al menos hasta ahora, incurable y casi siempre fatal.


Entonces, el libro empieza así, con Petu recibiendo la noticia de que va a morir muy pronto: la estimación es un año. Un solo año de vida. Y que no será un año pleno de vitalidad y disfrute, en tanto la enfermedad irá, presumiblemente, tomando partes de su cuerpo (partes muy importantes) para dejarlas gradualmente inutilizadas.


Ella decide, como forma de luchar contra ese destino que le impuso la enfermedad, armar un plan. Un plan con fecha de vencimiento: un año. Un plan con muchas fallas; entre ellas, el optimismo infundado de su creadora. Petu tiene un solo año para hacer que su paso por el mundo sea significativo (“No todas las bandas tienen un hit y no todas las vidas dejan huellas. Al menos, me gustaría ser como una one hit band. Eso sería algo”). Y decide hacerlo aprovechando un don que tiene: ella es diseñadora textil y se propone decirle a cada persona cuál es su color, el color que lo define. Esto me recordó a los magos de Terramar, en la saga de Ursula K. Le Guin, que son quienes pueden descubrir y decirle a cada persona cuál es el nombre verdadero de cada uno; lo que hace Petu con los colores también es como si fuera magia, porque no es que le dice a cada quien cuál es su color favorito, no: les dice cuál es el color que él o ella es, el que los define como personas (y a veces son colores que casi nadie considera “lindos”, como el ocre o el gris). Esa forma particular de ver los colores va tramando todo el libro, pues cada capítulo se titula con el nombre de un color, y es notable cómo, en la mirada de la protagonista, algunos colores adquieren asociaciones bien distintas de las convencionales (por ejemplo, el verde no se conecta con la vida ni con la vegetación, sino que se presenta como un color horrible de agua estancada; el blanco no es luz ni pureza, sino el color del miedo a un vacío sin sentido).


Pero la enfermedad (a quien Petu por momentos personifica) no estará dispuesta a hacerle fáciles las cosas, y la protagonista, así como todos los que la rodean, deberán ir haciendo concesiones y asumiendo pequeños (o grandes) fracasos, junto a las mínimas victorias en ese año decisivo que se va yendo tan rápido.


La novela es corta (como la vida que le queda a Petu), pero está tan bien escrita y construida que se disfruta hasta el último instante, y aunque es, sin dudas, una historia dramática (que al menos a mí me tuvo con la lágrima asomando desde la página uno hasta que cerré el libro), también tiene mucho humor, un gran ritmo, y escenas inolvidables. Es notable cómo muy pronto llegamos a conocer muy bien a los personajes, no solo a la protagonista sino a todos los demás, sus padres, sus amigos, Maru, Malena, el Colo.


Lo que más me gustó es que Guillermo, el autor, en ningún momento cae en golpes bajos, ni propone una fábula color de rosa en la cual la protagonista supera todos los obstáculos, salva al universo y alcanza una felicidad eterna. Por el tema que el libro toca (y que, por la nota inicial, sabemos que tocó también la vida del autor, pues su prima murió de ELA) era muy fácil caer en el panfleto o en el melodrama, en el paper científico o en una ardua queja filosófica: esta novela no hace nada de eso. Relata, simplemente, la historia de unos personajes humanos en un tiempo y en un espacio, y eso, cuando está bien contado, como aquí, es más que suficiente para dejar una huella, en la literatura y en nosotros, quienes leemos.


En fin: un gran libro de Guille Tangelson, no se lo pierdan.

Recomendado.

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