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Videoclips

Este libro de cuentos poéticos de Silvia Schujer con ilustraciones de Laura Rudman fue publicado por La Gran Nilson recién, hace muy poquito (estamos en los últimos meses de 2021).

Lo primero que tengo que decir es que me encantó el libro, me resultó original y muy disfrutable. Reúne una serie de textos (más de diez y menos de veinte) narrativos, breves, todos con la misma protagonista, una joven mujer llamada Márilin.


Mediante textos concisos en tercera persona, con frases breves (pero poéticamente cuidadas) que van describiendo acciones y reacciones sucesivas (como fotogramas de videoclips, en los que casi no hay diálogos ni ruidos que interrumpan la música de fondo), vamos conociendo la vida de Márilin y, especialmente, su mundo, inmerso en una realidad cotidiana y concreta pero a la vez fantástica, en la que todo se transforma de modos imprevisibles e incalculables (como descubrimos ya en el prólogo, en el cual una maceta solitaria en su nuevo departamento se revela fuente de crecimientos no precisamente vegetales).


(...) Cuando los ojos de Márilin tropiezan con la maceta, ni ella ni nadie imaginan lo que va a pasar.

Moja la tierra. La remueve con un cuchillo, con el mismo que ha cortado una naranja. Y está enterrando las semillas cuando de pronto suena el timbre.

Su trabajo queda inconcluso. Las semillas a medio enterrar. La punta del cuchillo clavada en la tierra.

Ocupa tres, cuatro, cinco días desembalando vajilla hasta la tarde en que vuelve al balcón, Márilin, y en la maceta encuentra una planta.

No es de naranjas.

Lo que Márilin encuentra es el mango del cuchillo que se ha ramificado y lo que parecen hojas filosas y lanceoladas no son más que cubiertos asidos a las ramas.

Márilin riega la planta y en una semana recoge los frutos: cuchillos, tenedores, cucharas y cucharitas de té. (...)


El libro me resultó cortazariano, hay una frescura de lo fantástico que se conecta con los cuentos de Cortázar, en particular los de “Un tal Lucas” y los de “Historias de cronopios y de famas”. La sucesión de las escenas (videoclips) va armando una cierta mitología, pero desenfadada, divertida y cercana, sin la pompa y el autobombo de las mitologías típicas, pues aquí una escena que comienza con un viaje en un colectivo lleno puede terminar, tras una sucesión de transmutaciones y hechos totalmente insólitos y a la vez perfectamente lógicos (o contados como si lo fueran), con la protagonista sentada junto a una enfermera que le extrae sangre del brazo para rellenar con ella el tubo de una lapicera (eso sucede en mi cuento favorito, “El tintero”).


Las ilustraciones de Laura Rudman son fantásticas también: collages con papeles antiguos en los que aparecen figurines de moda con una estética art nouveau, cada imagen es preciosa de ver y explorar en su delicada composición, y hacen un gran equipo con los textos que acompañan.

En fin: un gran libro, no se lo pierdan. Recomendado.


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