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Wilson

Esta novela breve de Verónica García Ontiveros con ilustraciones de Dani Arias fue publicada por Ediciones de la Terraza hace muy poquito (segunda mitad de 2021).

La historia presenta una especie de cuento de hadas o alegoría, la fábula de un pueblo siempre lluvioso, llamado Porquesí, en el que vive Wilson, un excéntrico vendedor de paraguas que se viste siempre con ropa colorinche y descombinada, muy alto y con el pelo siempre en puntas como un paraguas dado vuelta.


(Es muy lindo el detalle de que la tapa del libro presenta a Wilson solo hasta el cuello, pero la tapa se completa con un señalador troquelado que se engancha en la solapa, de forma que la cabeza de Wilson asoma por detrás para completar la imagen).


Pero la fábula no es sobre Wilson, al menos no únicamente sobre él: se relata el ascenso del Comendador, un cuasi Misáianes que supera una infancia difícil para, por medio de engaños y astucias, convertirse en un gobernante dictatorial y peligroso. Y cómo se van sumando, “por el bien de todos”, las prohibiciones, entre ellas la de usar paraguas incluso durante las tormentas, lo que no solo le quita a Wilson su sustento, sino que pone en jaque su herencia familiar y su identidad.


La llegada de un circo ambulante incorpora a la acción otro personaje clave, Elizabetha, la mujer barbuda. Ella, al desconocer las leyes y regulaciones del pueblo, comete con candor un crimen que iniciará la chispa de la rebelión y dará nuevas respuestas a las preguntas de siempre.


La novela está escrita en una prosa muy tersa y sugerente, que le da a la historia un tono de fantasía épica (que me recordó, más de una vez, el tono con que Bodoc narra los inicios de la historia de Los Confines en Los días del Venado). Solo por dar un ejemplo:


El racimo de casas maduró en aldea y floreció en pueblo, aunque Porquesí había crecido como había nacido, con todas las preguntas respondidas desde el nombre.

Y si las preguntas hallaban respuesta una y todas las veces en Porquesí, pero una y todas las veces la respuesta era la misma, para qué seguir preguntando. Fueron así dejándose de oír desde los interrogantes más simples ¿por qué me sigue la luna?, ¿por qué es salada la sal?; hasta los más delicados ¿por qué se rompen los corazones, ¿por qué un par de ojos se cierran y no se abren más?

Con el tiempo, los habitantes de Porquesí fueron perdiendo el arte de preguntar. Y sin cuestionamientos, desaparecieron el cosquilleo de pluma de la adivinanza, la voz baja del secreto, el aire anudado del misterio. Los niños que nacían pronto olvidaban sus inagotables ¿porqués?, como la lengua materna que no se practica. Y sin que casi se notara, dejó de apretar el zapato de la curiosidad, se curó el hipo del interés, no molestó más el ladrido de la duda.


Las excelentes y coloridas ilustraciones de Dani Arias, divertidas y poéticas, complementan muy bien el texto; diría que la edición en su conjunto es muy bella (me encantó, por ejemplo, el detalle de la guarda del comienzo y el final del libro, que muestra una interminable sucesión de días lluviosos, como si fuera un calendario inundado de lluvias).


En fin, no quiero extenderme demasiado, porque... porquesí. Muy linda novela. Recomendada.

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