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A veces me pasa

Hay libros que son como un banquete completo con entrada, tres platos, postre, vino, café, las velas y el violinista. Que cuando los leés quedás tan lleno, tan pipón, que sentís que no vas a volver a comer nunca. Y está muy bien que esos libros existan.


Pero a veces uno no está para emprender un gran banquete, sino que necesita un libro bombón, algo pequeño y dulce, un mínimo permitido, una golosina que cae en el momento justo para salvarte el día y dejarte con un buen sabor de boca.

Este bello libro fue publicado por Loco Rabia en 2020 (un año difícil para las publicaciones, ya sabemos) y sus autores son Mariana Ruiz Johnson y Nicolás Schuff, una talentosa dupla de la que ya comenté Las interrupciones; Nico y Mariana suelen trabajar juntos, con memorables resultados.


Es un volumen pequeño, cuadrado (15 x 15 cm), con una treintena de imágenes en blanco y negro (el único color en el libro es el amarillo en la tapa) y con muy pocos elementos: cada página presenta solamente una imagen y, debajo de ella, una frase breve (de no más de diez palabras) que comienza, invariablemente, con las palabras “A veces...”.


Con esos pocos elementos se conforma esta propuesta minimalista (y animalista, pues todos los personajes dibujados por Mariana son animales antropomorfizados [o humanos animalizados, si prefieren]) que sin embargo, en el pasar de las páginas, te va atrapando en el diálogo entre imagen y texto, entre el sonido de la frase y lo que cuenta, calladamente, la escena que acompaña. Y uno se puede quedar largo tiempo anclado en cada página, descubriendo los detalles de la escenas y los sentidos que se abren a partir de la frase, dando por resultado una obra llena de ternura, de humor, sorprendente y poética.


Es un acierto que en la presentación del libro, firmada por ambos autores, expliquen cómo nació: a partir de una consigna en un desafío mundial para ilustradores, el inktober, que implica subir una ilustración por día a lo largo de un mes, a partir de una lista fija de palabras. Mariana y Nico adaptaron la consigna: cada palabra debía sugerirles una frase y luego, a partir de la frase, una expresión gráfica (que no representara literalmente la frase). A veces, una consigna puede ser la semilla para una obra original, buena y bella, y este es uno de esos casos.


Y me pareció otro acierto, y un muy buen cierre para este libro-bombón, que en el final hubiera un índice en el que se contara, para cada página, cuál fue la palabra disparadora, lo que nos permite descubrir que las frases “A veces...” fueron creadas también a partir de una interpretación creativa de las palabras de la consigna (pongo a continuación un par de ejemplos de páginas con su palabra gatillo).


Palabra disparadora: Cebo


Palabra disparadora: Anillo

En fin: un libro ideal para esas veces en que necesitamos solo un momento de buena lectura.


Recomendado.

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