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Cuentos reunidos (Faulkner-16)

En 1950, meses después de que su autor recibiera el premio Nobel, se publicó este enorme volumen (900 páginas en inglés, en castellano serán más de mil) con 42 cuentos (algunos de hasta 50 páginas). El autor organizó y revisó con cuidado esta obra, a la par de como hacía con sus novelas. Y el libro le quedó realmente muy bueno, sólido (además de extenso). Incluso recibió el premio nacional (en Estados Unidos) al mejor libro de ficción del año.

La antología reúne todos los cuentos publicados en colecciones previas en la década del 30 (Dr Martino, Esos 13) más un montón de cuentos más que habían sido publicados en revistas, otros que se transformaron en partes de otros libros, y otros que no habían sido publicados aún.


A jugar con Faulkner

¿Qué quiso decir Willy? Imagine el significado de los siguientes términos pronunciados por un soldado escocés, en el cuento “Victory”.

a. dinna b. auld c. tae d. A e. mor-rn

La estructura

Este libro es como seis libros juntos, pues cada parte (con entre 5 y 11 cuentos) tiene aproximadamente la extensión de una antología “común”. Las partes están organizadas a partir del lugar, del terreno donde ocurren:

- El campo (las zonas rurales del condado de Yoknapatawpha)

- El pueblo (la pequeña ciudad de Jefferson, capital del condado)

- El monte (las tierras del norte del condado, pertenecientes originalmente a los indígenas choctaw)

- El yermo (Europa luego de terminada la Primera Guerra Mundial)

- El terreno neutral (el pueblo y sus alrededores en el “glorioso” pasado reciente)

- Más allá (ramificaciones y extensiones de personajes del condado en el resto del mundo)


El título

Collected Stories se tradujo perfectamente como “Cuentos reunidos”. Si bien la traducción original de cada cuento deja mucho que desear, al menos el título del libro no puede cuestionarse.


Norreseña

Este libro de dimensiones inabarcables nos presenta, al considerarlo en su totalidad, un enorme mural de Yoknapatawpha, sus lugares y sus personajes. Por eso es un libro genial para ser leído después de haber leído las novelas de la saga: entonces, cuando leemos un cuento donde aparecen John Sutpen, o Caddy y Quentin Compson, o Ab Snopes y su hijo Flem, o Bayard Sartoris, o el siniestro indio Ikkemotubbe, o los McCaslin, o tantos otros personajes, inmediatamente hacemos la conexión mental con sus respectivas historias, y es una forma encantadora de reencontrarse con ellos.


Pero además hay muchos cuentos geniales con personajes que no aparecen en los demás libros, y son también un buen lugar para entrar en la saga, para leer estos cuentos antes de las novelas. El cuento más conocido del libro (y del autor) es “Una rosa para Emily”, en donde se realiza un tierno y a la vez siniestro homenaje a una “mujer del Sur”, fuerte pero atormentada, y se va relatando su vida, ligada a la casa de su familia, de la que nunca se separó: si no leyeron nada de Faulkner (y no tienen ganas de leer ninguno de sus libros largos), pueden leer este cuento y podrán darse una idea de cómo y qué escribía el autor.


También hay varios otros cuentos maravillosos:

- “Dos soldados”, que cuenta cómo un niño de nueve años viaja a Memphis con la intención de enlistarse en el ejército (en la Segunda Guerra Mundial) y así seguir los pasos de su hermano mayor.

- “Septiembre seco”, sobre un supuesto caso de violación de un negro a una dama blanca, y cómo los rumores operan en favor de una resolución violenta.

- “Mi abuela Millard”, que retoma al personaje de la abuela Rosa (tiránica pero querible) y el nieto (Bayard Sartoris) de Los inconquistados.

- “Aquel sol del atardecer”, donde aparecen como protagonistas los niños de la familia Compson y la mujer negra que los cuida, Dilsey.

- “Granero en llamas”, donde aparece el ignoto hermano menor de Flem Snopes, que lucha contra el “hobby” familiar de incendiar graneros ajenos como forma (medio bestia) de lucha de clases.


Y muchos más. Entre los 42 cuentos del libro hay para todos los gustos, en ese sentido. Por eso esta es una obra importante dentro de la saga, y vale la pena leer este libro, todo o de a partecitas, incluso como puerta de entrada al mundo literario que Faulkner creó.


Dos curiosidades

Encontré un mediometraje sobre “Una rosa para Emily” (25 minutos de duración). Está pasable, la peli, pero el cuento es muy mejor porque, entre otras cuestiones, trabaja mejor el clima y las constantes idas y vueltas temporales, de forma que el final es más sorprendente y memorable. Pongo aquí link a la peli (en inglés), pero recomiendo leer el cuento antes de verla.


Tres décadas después de la publicación de este libro, salió otro bodoque con 50 cuentos de Faulkner: todos aquellos que el autor nunca había podido publicar en ninguna revista, más versiones preliminares y borradores de textos que años más tarde fueron incorporados a novelas y antologías. A este libro no lo aprobó ni revisó el autor (quien había muerto quince años atrás), y son textos muy inferiores a sus “cuentos reunidos”. Casi que solo tiene interés leerlos si alguien quisiera hacer el trabajo “arqueológico” de comparar las primeras versiones y las definitivas de algunos textos, o conocer cómo son los “cuentos malos” de un autor tan excelente como Faulkner (o como lo reservo yo: para usar cuando me agarre la abstinencia). Lo más curioso, para mí, es el título absurdo y contradictorio que le pusieron a esta antología, a esta reunión de cuentos: Cuentos no reunidos (Uncollected Stories). En tu cara, Magritte.

Un fragmento

(...) Ella dijo “Ey, Lucius” solo una vez, y Lucius vino desde el jardín con la azada y la abuela siguió mirándolo fijo por encima de los lentes como miraba siempre mientras hacía cualquier cosa, desde leer hasta coser o mirar el reloj de pie cuando llegaba el momento de empezar a enterrar la platería.

—Ya puedes irte —dijo ella—. No necesitas esperar a los yanquis.

—¿Irme? —contestó Lucius—. No soy libre.

—Eres libre desde hace casi tres minutos —dijo la abuela—. Anda, vete.

Lucius pestañeó los ojos tan lento que se podría haber contado hasta diez.

—¿Irme adónde? —preguntó.

—No puedo decírtelo —replicó la abuela—: no soy libre. Imagino que tendrás toda Yanquilandia para ir moviéndote por allí.

Lucius pestañeó. Ahora ni siquiera miraba a la abuela.

—¿Eso es todo lo que quería decirme? —preguntó.

—Sí —contestó la abuela.

Así que él regresó al jardín. Y esa fue la última vez que escuchamos de él una palabra respecto de ser liberado.

(en el cuento “Mi abuela Millard”)


Respuestas de “A jugar con Faulkner”:

a. dinna = do not (no); b. auld = old (viejo); c. tae = to (para); d. A = I (yo) ; e. mor-rn = morning (mañana)

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