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La deslumbradora

  • hace 3 minutos
  • 3 min de lectura

Esta novela histórica de Silvina Rocha fue publicada recién (2026) por editorial Planeta, con edición de Ana Ojeda.

 


Esta es una novela sobre la escultora Lola Mora (se la ve en la foto de la tapa, aunque las responsables de la edición tomaron la buena decisión de no mencionar su nombre allí). Lola es una figura histórica elusiva, una de las más notables artistas que dio nuestro país y, sin embargo, de la que se sabe muy poco, de la que no quedaron casi cartas ni documentos personales, de la que solo se saben cosas porque aparecían en la prensa de la época.

Esa poca información disponible hizo más ardua y lenta la investigación de la autora, pero a la vez le dejó amplios “huecos”, un amplio margen para crear, para armar una historia literaria alrededor de la figura histórica; incluso, para imaginar las motivaciones ocultas tras una decisión o una acción precisa. Y Silvina lo hizo con maestría: al avanzar por la novela, los lectores nos vamos creyendo todo, nos “metemos” en la historia y en la piel de esos personajes; y si bien no podemos saber a ciencia cierta cómo fueron en la vida real, podemos, queremos creer que quizá fueron tal como se nos presentan en esta novela, y si no fueron así, bueno, al menos merecerían haberlo sido.


Y alrededor de la figura de Lola Mora, Silvina Rocha nos presenta el caleidoscopio de un país (la Argentina, y en especial la ciudad de Buenos Aires), de una época (la “década infame”, los años 30 del siglo XX) y de un puñado de personajes entrañables y complejos, algunos históricos y otros completamente ficcionales: Lola, por supuesto y sobre todo; pero también Luis Expósito, un periodista en conflicto con sus ideas y su profesión, alrededor del cual se va tramando y desplegando la historia, por donde pasan algunas figuras y eventos de la época (Manzi, la muerte de Gardel, el congreso eucarístico) y algunas personas reales que formaron, en algún momento y de diversa forma, parte de la vida de Lola (Morales, Fernández Otero, sus sobrinas...).


A mí, en general, la ficción histórica no es un género que me atraiga particularmente, y solo me acerco a ella cuando está escrita por algún autor o autora que sé que es, antes que (o además de) historiador/a, un/a buen/a novelista (como Laura Ávila, por ejemplo, que es excelente en todo lo que escribe). Pero este libro está tan bien escrito, es una narración tan atrapante, en una prosa que fluye y te atrapa y no te suelta nunca, que leerlo resulta una experiencia valiosa y recomendable. Esta será una ficción histórica, será una narración biográfica, pero es, sobre todo lo demás, una excelente novela.


Por dar un ejemplo nomás, la escena inicial, con Luis Expósito yendo con un amigo a tomar unas copas a la salida del trabajo en mitad de una tormenta y encontrando a una anciana debajo de la lluvia, en Costanera Sur, y diciéndose “No podemos dejar a esa vieja ahí”. Y esa vieja resulta ser Lola Mora, preocupada por la salud de “sus niñas” (las nereidas de mármol de la famosa fuente), que se están mojando.


Ese punto de partida tan humano, tan centrado en la empatía por un otro/a que está sufriendo y que, aunque no conocemos, podemos ayudar, me parece un hallazgo literario, y me encanta que esa sea la escena inicial, a partir de la cual se desarrolla la extraña amistad entre un periodista joven y ya casi fracasado, y una escultora anciana que alguna vez fue bella, famosa, brillante y, sobre todo, deslumbradora.


Gran novela de Silvina Rocha. Recomendada.

 

Nos miramos con Morales, ardemos por unas cervezas, pero no podemos dejarla ahí. Paramos el auto. Nos acercamos y le preguntamos si está bien, si necesita algo. Ella nos mira como si la hubiéramos sacado de golpe del fondo de un sueño y balbucea: “Mis niñas... se están mojando”.

Morales me mira sin entender, yo tampoco entiendo. Le hablamos mientras nos empapamos, hasta que me doy cuenta de que del cuello le cuelga una cadena. Me acerco y, pidiéndole permiso, tomo la chapa. Leo “Dolores” y una dirección.

La convencemos de que suba al auto. Le explicamos que la llevaremos de regreso a su casa, en Palermo. Mientras hablo nimiedades con Morales para romper el silencio, la miro por el espejo. ¿Cómo fue a parar esta vieja a Costanera Sur?

 
 
 

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