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Abecedario

  • hace 1 día
  • 3 min de lectura

anticipo buena crítica

de este fanzinesco gran hito infanto-juvenil:

ké lindo mejunje nos ofrece

para que riamos sorprendidos;

tiene un vacilante welteo,

xilofónico yámbico zumbido

 

Este libro con poemas de Roberta Iannamico fue publicado recién (2026) por Mágicas Naranjas, en su colección Semillas, con la coordinación editorial de Hilda Fernández Oreiro, edición de Gustavo Gottfried, corrección de Valeria Cervero (aquí la corrección, ya lo verán, fue esencial, particularmente en establecer el criterio de qué corregir y qué no) y diseño gráfico de María Valeria Chinnici (quien ajustó y reversionó algunas de las ilustraciones del libro, el alfabeto de posturas de Carrington Bowles, del siglo XVIII: divertidos dibujos de una persona haciendo con su cuerpo las formas de cada una de las letras).


El título del libro, Abecedario, es una palabra conocida, pero aquí se usa en un sentido diferente: como un género poético. No creo que Roberta lo haya inventado; ya existía un libro-objeto de Mauricio Micheloud, alias El Esperpento, en Ediciones de la Terraza, con este mismo género: Aurora Busca Canciones; pero probablemente tampoco Mauricio haya sido la primera persona a la que se le ocurrió escribir un poema así, con cada palabra comenzando con una letra del abecedario, en orden, de la A hasta la Z. Lo que sí hace Roberta aquí es establecerlo como un género, una estructura reglada, que puede contener diversos (infinitos) poemas, y definir (sin declararlas, solo mostrándolas con ejemplos) ciertas reglas específicas: usar todas las letras salvo la Ñ y los dígrafos CH y LL, que no haya palabras extra fuera del listado (sin conectores ni artículos ni palabritas que no sigan la secuencia) y permitirse variaciones ortográficas, neologismos y préstamos de otros idiomas para “cumplir” con algunas letras en las que nuestro idioma no es especialmente pródigo en cantidad de palabras disponibles, como la K, la W, la X... (cuántas generaciones de maestras y maestros se habrán agarrado la cabeza xprimiendo sus sentidos para hallar palabras que comenzaran con esas letras y enseñarlas en primer grado...).

aquel barco cargado de

enemigos fachos

gozan hundiendo inocentes

juran ke la mar

no observa partículas químicas

restos sobrevivientes

temblor

utopía

vieja wikipedia xtendida

yanquis zozobran

 

A mí me encanta esto, la creación de un nuevo tipo de poemas: demuestra que la poesía es algo vivo, algo que vive en nosotros, no algo “que ya está” o “de otra época”. Germán Machado hizo lo mismo al crear el género “separación mínima”, un poema armado a partir de la reunión (conceptual) de dos palabras similares, solo separadas por el cambio de una letra: real/leal, hundidas/hendidas, juego/ruedo (el libro Separaciones mínimas también es de Ediciones de la Terraza, casualmente). Lo genial es comprobar, al leer estos poemas de Roberta, cómo el género poético abecedario le da abrigo a una variedad infinita de poemas y es, en ese sentido, similar a otros géneros más antiguos y prestigiosos, como el soneto, la décima, la copla, el romance, el terceto dantesco y tantos otros. El abecedario es, en comparación, una estructura mucho más rígida, más “difícil” (no limita cantidad de sílabas ni de versos, pero sí el sonido inicial de cada palabra del poema), pero aquí, en ese corsé tan ceñido, en ese jardín tan cuidado que ¡malhaya! parece la obra de un peluquero (“el otro” Machado dixit), vemos florecer poemas de todo tipo: hay algunos filosóficos, políticos, cotidianos, infantiles, eróticos, ecológicos, siniestros, cómicos; se habla sobre el hambre, la guerra, el amor, la furia, diversas sensaciones, caminos y campos, lo que sucede, gente... Todo entra en estos poemas, que son súperdivertidos de leer, que te sorprenden en cada verso y que agarran hacia el final, indefectiblemente, un ritmo vampiresco, wow, xtraño y zombi.

ahora basta con

desear esa flor

gesto heroico innato jaja

kingsize lo mío

navegando

orbitando

pensando quieta

recordando silenciosa

toda utilidad vaciada

weca

¿xisto yo?

zaraza


Nada menos que una treintena de poemas, nos regala aquí Roberta, y todos se disfrutan un montón: el lenguaje juega y se juega aquí, estalla como fuegos artificiales, ¿y a quién no le gusta ver (o en este caso, oír) fuegos/juegos artificiales? Este es un libro que se puede abrir en cualquier parte, que se puede leer en cualquier orden y en cualquier momento del día, mientras se está haciendo cualquier cosa (salvo bañándose, porque se mojaría el papel), y que, sobre todo, se puede leer y releer muchas veces, desde que somos niños hasta que seamos reviejitos, y cada vez un poema te dejará pensando y te hará sacar una sonrisa (y quizál al mismo tiempo, una lagrimita).


Me gustaría incluir en esta norreseña todos los abecedarios del libro, pero sería un xceso yupie zen de mi parte, así que me contengo y solo digo: no se pierdan este libro, re recomendado. Más recomendado que la serie Yaka-Zulu.


atman-brahman

conciencia dinámica

el fuego guardado

hiberna interiormente

jugatelá kundalini

localizá mi nido

ostra-perla

qué recomendable sería

total unión vital

what xample

yoga zafarrancho

 
 
 

1 comentario


Charly Lee
Charly Lee
hace 13 minutos

Hola, Sebastián! Qué lindo esto. Qué desafío. Había una contratapa de propuestas de taller de lectura que era así. Recuerdo vagamente. Empezaba "Atrevete...!"

¡Saludos!

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