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La hoguera

Actualizado: 28 abr 2023

Este libro con texto de Gigliola Zecchin (a quien por estos lares conocemos mejor como Canela, legendaria periodista, comunicadora cultural y escritora) e ilustraciones de Christian Montenegro fue publicado en 2022 por Comunicarte, con la edición de Karina Fraccarolli, en la colección Idas y Vueltas (diseñada por Juan Lima). En esa misma colección apareció, años atrás, Las Indias, otro libro genial del que ya hablé.


La hoguera acaba de recibir nada más y nada menos que el Gran Premio Alija, como mejor libro para lectores jóvenes del año 2022. Sin ese premio, seguramente igual lo habría leído, pero quizás hubiera tardado más en ir a buscarlo. :-)


Por supuesto que cualquier premio a un libro literario es necesariamente subjetivo: no existen las verdades absolutas, cuando lo que se evalúa es una obra de un arte tan elusivo y diverso como la literatura (escrita, ilustrada). Sin embargo, y aunque no leí todos los libros de LIJ del año (hazaña que alguna vez hice pero dudo que pueda ni quiera repetir), tengo que, como suele decirse, “darle la derecha” a los jurados que eligieron este libro: no sé si será el mejor (no podría opinar en eso), pero es un librazo.


En formato vertical y a dos colores (amarillo y negro, muy bien elegidos: los colores de la peste), Canela nos trae un relato medieval que suena con el arrullo de un cuento de hadas y, como muchos de esos cuentos, nos trae un desfile de personajes y elementos simbólicos que se van entretejiendo en un cuento de esperanzas, peligros, agua que te ahoga y fuego de amor, agua que te limpia y fuego de muerte, compasión hacia los desamparados y búsqueda de una difícil felicidad.


En un lugar sin nombre, un náufrago (que intentó pero no pudo escapar de una Europa enferma de oscuridad y peste) recibe una moneda del Gran Pez, que le profetiza que si logra hacer con ella algo bueno, será feliz. La moneda es vieja y oxidada, y no parece tener ningún valor, así que el náufrago la termina regalando a un ciego que pide limosna, mientras en la plaza del pueblo, azotado por la peste, la Inquisición declara que todo es culpa de las brujas, que deben ser buscadas, delatadas y quemadas en la hoguera pública.


Este es el comienzo, el planteo inicial de esta hoguera en la que arderán engaños y promesas, al calor de una voz narradora que suena como un susurro lejano y se lee casi como si fuera poesía, en esos renglones cortos que se acomodan en la página vertical.


—¿Quién eres? —Por fin la joven lo observó un instante.

—Vengo de lejos —dijo él, avergonzado por su pobre aspecto—, la nave en la que viajaba naufragó y me encontré apenas vivo, cerca de aquí, tendido en la playa. [...]

El ciego guardó silencio hasta la cena, solo se oía el sonido del vestido de la muchacha. Cuando habló, quiso saber hacia dónde se dirigía el barco del naufragio.

—Hacia las nuevas tierras.

—Las Indias... —dijo la joven, y reparó en los hermosos ojos del muchacho.

—Dado que sé manejar martillo, clavos y madera, me embarcaron para los menesteres de carpintería.

—¿Qué esperabas de esas tierras? —preguntó el ciego.

—Mi pueblo era tan pobre. Había mucha hambre y al no tener padres ni familia quise largarme a buscar algún destino.

—¿Un destino de riqueza o de justicia? —volvió a preguntar el viejo.

—No lo sé, no conozco una cosa ni la otra.


Las ilustraciones a dos colores de Christian Montenegro son espectaculares, se despliegan como cartas de un tarot antiguo que, mientras designan los participantes de la historia, titulan de alguna manera las partes del relato, armando un índice que el texto, de por sí, no explicita.

Así que si pasan ahora por la Feria del Libro de Buenos Aires (o si leen esto mucho después), corran a buscar La hoguera, antes de que se apague.


Recomendado.



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