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Mínimos elementales

Este libro de la poeta y artista plástica María Aranguren fue publicado por Modesto Rimba en 2017, con edición de Mauro Lo Coco y diseño de Susi Camilieri.


Es una preciosa edición apaisada en la que cada doble página nos muestra a la izquierda un breve texto en el que se presenta a una niña o un niño, y a la derecha una imagen en la que se ve a ese niño o niña.


Tanto los textos como las imágenes asociadas (todas a una tinta, en blanco y negro) son suscintamente poéticos e inquietantes. El libro recuerda fuertemente a Los pequeños macabros de Edward Gorey, que ya comenté alguna vez por aquí.


[Si quieren pispear mi comentario sobre el libro de Gorey, o releer el libro, pueden hacerlo acá: Los pequeños macabros ]


Aquí, en Mínimos elementales, les niñes no mueren trágicamente, pero son anómalos, solitarios, breves, dedicados por completo a esas actividades misteriosas que los definen.


Con arco y violín en posición

practica telequinesia

el niño manco.

Siete de la tarde y todo quieto.

Aún.


Curiosamente, es en la contratapa donde se encuentra la presentación del libro (y su ars poetica), en el único texto largo que este contiene:


El libro —o el bosque— es el lugar donde habitan los lobos, los cuervos y los queridos monstruos de la infancia. También viven ahí las fábulas, los deseos irreductibles, los miedos invertebrados. Es en donde suelen perderse los niños sin fondo: frágiles como tiza, corpulentos, ligeros o con hambre de mañana.

El ayer trae recuerdos que, confío, ayudarán a completar las historias que en este jugar, brevemente, se narran. [...]

Deambular entre las páginas, como atravesar un espejo, es correr un riesgo. Y solo los riesgos entrañan un guiño con la aventura.


Y la colección incesante de infantes exóticos, esos “mínimos elementales”, determina quizás una forma de ver y entender la infancia, cristalizada en esos seres atados a una escondida obsesión, dependientes de unas pocas palabras que los envuelven como un ovillo del que no pueden (y quizá no quieren) escapar.


Un ramillete de tinta blanca

en el medio

de la niña oscura.


Es, en síntesis, un bello libro, que te deja envuelto en un clima de ensueño lindero con la pesadilla, e ideal para demorarse en la contemplación de cada imagen mientras se lee la presentación de su niño. Recomendado.


Parlamenta con las verrugas

de sus monstruos

el niño insomne.



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