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Nunca apagues la luz

Este libro de cuentos de terror de Luciana Murzi fue publicado en 2020 por Abran Cancha, en su colección Alfalfa, con la dirección editorial de Adela Basch y con ilustraciones de Mauro Vargas.

Son dieciséis cuentos de terror de corte casi clásico, pues en muchos se reconocen algunos de los motivos y tópicos del género, como el alter ego, la posesión demoníaca, el monstruo que surge de las tinieblas, el fantasma de la locura sanguinaria, el peligro inefable de algo que no se puede nombrar pero se está acercando a nosotros y es peor que la muerte. A la vez, los relatos exploran nuevas variantes de lo actual, como el rol de las redes sociales y las nuevas tecnologías, y el lenguaje, claro y sencillo, permite que estos cuentos sean leídos hasta por niñas y niños... si se atreven (frecuentemente se atreven, y mucho más que nosotros los adultos, que comenzamos muchas veces a temer por cosas que antes no nos movían un pelo).


La autora, por su parte, no teme introducir en estos cuentos la presencia del Mal con mayúsculas, lo demoníaco, la indomable magia negra, la violencia sanguinaria del cuchillo empuñado por un demente, siniestros duendes y fantasmas, la madre atenta de las fieras con hambre y, en fin, los seres más espeluznantes que la imaginación podría asignarle a lo sobrenatural. Los cuentos no son muy largos, pero se extienden lo suficiente para desarrollar el necesario clima de suspenso e inquietud (a veces, relacionado con un lugar extraño: un pueblo nevado cuando no es época de frío, una casa antigua a la que se muda el nuevo dueño sin saber por qué le salió tan barata, una jaula vacía que se recibe como regalo...); y luego ese clima se resuelve, a veces en forma abrupta y sorprendente, como un rayo que te cae del cielo despejado, y otras como paso final en una pendiente de horror que te repugna y, a la vez, te tiene atrapado, de forma que no podés soltar el libro.


Todos los cuentos resultan atractivos y terroríficos, pero mis favoritos son: el que da título al libro, “Nunca apagues la luz”, en el que Leila, una niña de diez años, les suplica a sus padres que la dejen dormir con la luz prendida, pues leyó un libro siniestro y teme que le pase algo terrible, si queda a oscuras. Y los padres al principio lo aceptan, pero luego intentan convencer a su hija de que sus temores son infundados y debe aceptar dormir con la luz apagada... Y mi otro cuento favorito es “La habitación de nadie”, en el cual un hotel de un pueblito perdido tiene una habitación (la 12) a la que nadie debe entrar, y que nunca debe asignarse a ningún huésped (una especie de variación del motivo de Barbazul); una regla que, sin embargo, es desoída por el nuevo conserje, convencido por las súplicas de una clienta refinada e insistente.


La edición es preciosa: en un formato pequeño y cuadrado, resulta muy amable de leer, y las ilustraciones de Mauro Vargas, oscuras y sugerentes, dialogan a la perfección con los textos y construyen junto con ellos esos climas de miedo que son el alimento de las presencias oscuras... y de quienes leemos.


En fin: un muy buen libro de cuentos de terror. Recomendado.


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