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Siete cuentos registrados

Esta antología de cuentos juveniles fue publicada hace muy poquito (comienzos de 2021) por AZ, con la dirección literaria de Silvina Díaz y la edición de Luz Azcona.

Son, como anticipa el título, siete cuentos, de siete autores de los más importantes de la Argentina y que suelen aparecer en este blog: Andrea Ferrari, Mario Méndez, Paula Bombara, Germán Machado, Sandra Siemens, Martín Blasco y Nicolás Schuff. (Para ser francos, dicen que Germán Machado es uruguayo, pero bueno, si peleamos la nacionalidad con Gardel, podemos discutirla también para él).


Hay un hilo conductor, en todos estos cuentos: ocurren todos en el mismo lugar, el gran hotel Roma, ubicado en una localidad balnearia junto al mar. El hotel tiene un pasado de gloria y un presente no tan glorioso, pero su silueta barroca e inmensa impone todavía una presencia de cierto lujo. Hacia allí convergen los personajes de los cuentos y se registran en el hotel, como huéspedes o empleados, con diferentes objetivos y con diverso éxito: algunos quieren apenas unas vacaciones tranquilas, otros persiguen una justa venganza, otros acechan un amor imprevisto, otros buscan averiguar quiénes son realmente. Aunque todos comparten distintas áreas del hotel en un tiempo acotado, los protagonistas se ignoran entre sí, más allá de unas pocas insinuaciones de cruces entre las siete historias.


“Tragos amargos”, de Andrea Ferrari, nos presenta la sutil venganza de una mujer obsesionada por el rencor. El cuento transcurre principalmente en la pileta del hotel, donde circulan tragos, risas, acusaciones y trampas.


“El ascensorista”, de Mario Méndez, cuenta la historia de una chica que veranea con su familia y entabla una relación con el ascensorista rubio del hotel, que podría, quizás, ser también un ladrón. Este cuento tiene un clima muy bien armado, siempre equilibrando lo que se cree y lo que se ignora sobre los personajes y lo que hacen; me recordó, en ese aspecto (y por lo del hotel junto al mar), a “El Tercer Reich” de Bolaños.


“Encuentro definitivo”, de Paula Bombara, cuenta una obsesión familiar, la búsqueda de un tesoro perdido y quizás inexistente en fichas de casino escondidas en alguna parte del lujoso hotel; aunque quizás otro descubrimiento, menos materialista, se muestre al final como un mayor tesoro.


“Solo la verdad, solo el amor”, de Germán Machado, es el divertido y a la vez intrigante relato de un adolescente y su viaje hacia una cita a ciegas con una chica misteriosa que le plantea, como lema y contraseña, la frase del título, un misterio que intriga por igual al protagonista y al lector y que será develado, en el lobby del hotel, en el imprevisto final.


“La Mona Lisa holandesa”, de Sandra Siemens, transcurre en la cocina y el comedor del gran hotel y es la historia de Gra, una chica tan celosa como temeraria y sin escrúpulos, que persigue a su supuesto novio dispuesta a todo (todo) para recuperarlo, y para ello debe trabajar bajo la dirección de la jefa de cocina, la chef Boutier, que esconde también sus propios secretos y sus segundas intenciones.


“Las tres”, de Martín Blasco, plantea un giro hacia el horror; cuenta la amistad cuasi simbiótica de tres niñas inseparables, que llega a un punto álgido y siniestro cuando las tres deciden, en el sótano del hotel, conjurar con una tabla ouija a los espectros y fantasmas que seguramente pululan allí.


Por último, “Volver al mar”, de Nico Schuff, un breve cuento en el que un joven, que se registró solo en el hotel, debe cumplir una silenciosa misión para hacer las paces con su propia historia.


Así que no lo duden: vale la pena registrarse también en el hotel Roma y formar parte, como lectores, de estas atrapantes historias.


Recomendado.

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