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Una noche sin dormir

Este álbum de Micaela Chirif y Joaquín Camp fue publicado por Lecturita Ediciones en 2022, con dirección editorial de María Celina Alonso, diseño de Paula Álvarez y corrección de Gustavo Wolovelsky.


Empezaré por el final para decir: qué libro hermoso. Las illustraciones de Joaquín Camp, hechas con marcadores (estoy en la Argentina, seguro en otros países los llaman de otra manera: fibras, fibrones, rotuladores) son coloridas, exuberantes y alocadas, incluso cuando simulan representar fielmente lo que esto está diciendo; aunque la mayor parte de las veces se vuelan por selvas, mares, montañas y hasta por el espacio exterior, mientras la escena sucede invariablemente dentro de un edificio en una ciudad. Y son enormes, además: las imágenes ocupan casi la totalidad de las hojas, mientras el texto se refugia en los pies de página.


Y no necesita más, el texto: con esos zócalos le alcanza para brillar. Micaela Chirif es una genial autora (en este blogcillo ya comenté de ella Las ovejas, pero toda su obra es recomendable), y aquí vuelve a demostrarlo.


La historia es muy sencilla, y se despliega a partir de la frase inicial:

Anoche, Elisa, mi hermana pequeña, no paró de llorar.


El llanto de la bebé empieza bajito pero enseguida adquiere proporciones mitológicas e impide dormir no solo a su familia (que intenta dormirla contándole cuentos, haciéndole caballito y de todas las formas posibles) sino también a los vecinos del edificio, que se suman a los intentos por callar a la pequeña, sin ningún resultado. Elisa llora sin parar y sin consuelo, hiperbólica y consistentemente, durante toda la noche.


(...) Le prometimos viajes, dulces y tesoros.

La cargamos, la paseamos, la pusimos cerca de la ventana para que mirara la luna.

La abrigamos, la desabrigamos, le atamos un hilito rojo en la muñeca.

Le contamos secretos, saltamos en un pie, pusimos caras de animales y nos disfrazamos de frutas bailarinas.

Nada dio resultado.

Elisa lloraba como un diluvio y tres maremotos.


Al terminar la noche en vela, por la mañana llega la abuela, que a pesar de su sordera importante no tardará ni diez segundos en descubrir qué es lo que le pasa a la bebé y resolver el problema.


No quisiera espoilear (aunque este libro no es un policial de enigma, digamos), así que comentaré solamente que en la última parte del cuento aparece un sonoro y rutilante pedo, que también ocupa algunas de las bellas ilustraciones (en las que incluso el pedo impulsa al edificio entero para que surque el espacio, como si fuera un cohete espacial). El elemento escatológico, aunque sorpresivo y gracioso, no es sin embargo el eje del relato, y al terminar la lectura nos queda la sensación de que leímos, en palabras y en imágenes, una historia divertida pero, por sobre todo, llena de ternura, y que pone en valor algunos elementos importantes en nuestra vida como seres humanos: la cooperación entre quienes integramos una misma comunidad, las relaciones de afecto dentro de una familia, el valor de los conocimientos adquiridos por las personas mayores. Y, por qué no, que a veces la solución a nuestros peores problemas puede ser un simple (pero gran) pedo.


Tanto si tienen insomnio como si duermen cual troncos, busquen este libro.

Recomendado.


116 visualizaciones1 comentario

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Aldao

1 commentaire


Marians B Mariana
Marians B Mariana
27 juil. 2023

Quiero tener un libro de Micaela Chirif en mí biblioteca ,,😁

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