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No es sangre lo que corre por mis venas

Este libro de cuentos de terror de Verónica García Ontiveros fue publicado por Del Naranjo este año (2022), con la edición y dirección editorial de Norma Huidobro. La ilustración de tapa (me encantó) es de Nicolás Mezquita.

La autora, de quien ya comenté en este blogcillo las novelas La lista y Wilson, se interna aquí en un género bien distinto, y lo hace con éxito: los seis cuentos que conforman este libro son excelentes, y aunque son bien distintos unos de otros, todos coinciden en el atributo principal que debe tener un buen cuento de terror: el clima. Y estas historias tienen, principalmente, eso, un gran clima siniestro. Incluso muchas veces no hace falta más, como en “La maquilladora”, un cuento en el que una maquilladora profesional describe un día de trabajo y que no tiene, estrictamente hablando, nada “de terror”, y aún así el clima está allí, uno lo percibe, aunque no suceda nada que defina ese clima y lo haga derivar en una historia sangrienta o terrorífica.


En otros de los cuentos sí es inminente algo terrible, una tragedia, un crimen, un rapto de locura: pero a veces la autora ni siquiera necesita escribir esa escena y cierra el cuento justo antes, sabiendo (y haciéndonos saber) que la posibilidad del ataque del monstruo es lo que da terror, no el ataque en sí (que cuando sucede, a la vez que te aterra, te alivia, en tanto define lo que de otra forma se vuelve un suspenso a veces insoportable).


Eso sucede, por ejemplo, en mi cuento favorito, “La siesta” (el más largo, lo que le permite construir un clima opresivo y creíble de pueblo del interior donde “nunca pasa nada” y al que llega una familia de la ciudad buscando santuario para sus penas); allí la historia nos enfrenta con la certeza de un terror casi absoluto, al que se llega en una escalera lógica sin resquicios y en una espiral de sueños perturbados, pero esa escena final en la que el terror se concretaría en una acción homicida no está, el texto se detiene un rato antes, en la inminencia. Algo similar pasa en “Día de pesca” (el único cuento con algo así como un monstruo, aunque lo recibimos únicamente como voz, como consciencia de un monstruo sin forma) y en “La copa del juego”, donde “la señora que limpia” en una casa ve pasar a su lado, sin reconocerlos, los signos de presencias sobrenaturales y quizás demoníacas.


Sí hay definiciones en los dos cuentos restantes, “Horas extras” (protagonizado por un narrador indudablemente loco, en un cuento que es casi un homenaje a Poe, en especial al de “El corazón delator”) y “Milagro”, donde un paciente en coma recibe el molesto regalo de un loro parlanchín (aunque esa premisa, de la que podría derivar fácilmente un cuento humorístico, nos lleva a un lugar bien diferente).


Pero no me extiendo más. Si les gusta leer terror, incluyan esta antología en la lista de sus inquietudes futuras. No se arrepentirán. O tal vez sí...


En fin: otro gran libro de García Ontiveros, una de las nuevas buenas voces en la literatura juvenil argentina. Recomendado.

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